ÉTICA POLÍTICA
Descalificación al competidor, o a quien tiene una opinión distinta, es un mal que hay que erradicar.

escribe: CAMILO ESCALONA
Senador PS por la Región de Los Lagos

 

 

 

 

 

MARTES  14 de febrero del 2012

Reponer la confianza por la acción política tiene como condición básica instalar el interés nacional en el centro de la preocupación de los actores y fuerzas que se preocupan de la conducción del Estado. Hoy existe demasiada desatención hacia ese punto esencial: los destinos del país. Prevalecen, en cambio, muchas ambiciones inconexas, que proyectan desorden, incoherencia, conflictos y disputas menores.

Lamentablemente, al inicio de la campaña electoral con vista a los próximos comicios en los municipios, los hechos indican que las conductas tienden a empeorar la situación. Muchos argumentan exclusivamente para descalificar al competidor o a quien tiene una opinión distinta; no se argumenta respecto de los proyectos que se someterán a consideración de los ciudadanos y ciudadanas para realizar desde los gobiernos locales, sino que resulta inocultable la pretensión de denostar, de destruir y no de construir.

Hay que decirlo con claridad. Así vamos mal.

Chile no necesita actores políticos enceguecidos en disputas estériles.

En lo personal he recibido ataques que son inadmisibles. Pero no me dejaré arrastrar a tales disputas.

Ante la descalificación reitero mi compromiso fundacional: trabajar para que el Estado de Chile pueda brindar protección social a todos y todas quienes son excluidos de sus derechos y de su dignidad fundamental como seres humanos. Este esfuerzo requiere también hacerse cargo de “la cultura del abuso”, es decir, de anular y sancionar aquellas conductas que siempre quieren sacar provecho abusando del más débil, actitud que se ha extendido en los diferentes servicios a la comunidad, en salud, transporte público, educación y otros.

Cuando se actúa en política no debe ser por el afán de imponerse a los demás, de escalar por los peldaños del poder a cualquier costo, de pretender hacer de la propia voluntad individual el centro rector de las decisiones. Muy por el contrario, la ética política, que en mi caso aprendí de viejos luchadores socialistas, está constituida por la defensa del mundo popular, como parte inexcluible del interés nacional y de velar por la correcta orientación de una causa común que une y hermana a quienes creen auténticamente en ella.  

 

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