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Martes, 16 de Marzo de 2010 15:40 |

Nuestra Premio Nobel residió y trabajó como maestra en la bella ciudad de la Patagonia austral chilena, pero el frío la derrotó obligándola a volver a climas más cálidos. De todas formas dejó enseñanzas imperecederas. En la foto, Gabriela Mistral, con alumnas del Liceo de Niñas de Punta Arenas, allá, por esos años...
por MARIO ISIDRO MORENO Radio Polar Punta Arenas Gabriela Mistral llegó a la ciudad más austral del mundo, Punta Arenas, después de haber sido profesora en liceos de Traiguén, Antofagasta y Los Andes. Pero fue en la Perla del Estrecho donde se comprometió más con la vida de la comunidad, tal vez porque el rigor del clima ponía más en evidencia las necesidades de las familias más modestas, que ella veía reflejada en sus alumnas. El día 1ro. De Junio de 1918, lo más representativo del mundo social de la ciudad le ofreció una recepción en el hotel Kosmos. Ella había escrito: “Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú”. Y para dar el ejemplo con su propia mano puso árboles que aún deben crecer en la plaza y en la avenida Colón.
Siempre escribió Gabriela Mistral sobre la educación y el niño, pero sus reflexiones toman en Punta Arenas un sentido especialmente práctico. En otras partes escribió bellas páginas sobre bibliotecas escolares: aquí organizó una en su Liceo de Niñas y la abrió a los alumnos de todos los colegios de la ciudad.Las visitas a cárceles, hospitales, poblaciones, con su palabra de aliento y su ayuda material, consumieron buena parte de su tiempo y energía, mientras el frío le iba metiendo el reumatismo por los huesos. El invierno magallánico le regalaba, en cambio, el título y el ambiente de su próximo libro “Desolación”.A la Mistral le gustaba casi todo en Punta Arenas, menos el frío. Debía irse. Le escribió a su amigo Pedro Aguirre Cerda. El 30 de marzo de 1920 hizo entrega de su cargo y el 5 de abril se embarcó en el vapor Orcoma.En la última entrevista, habla gratamente de la ciudad que deja. Le preguntan si piensa regresar para la fiesta del Cuarto Centenario del Descubrimiento del Estrecho de Magallanes. Su respuesta fue su última lección:“-No voy sino a los pueblos en que puedo servir. Las fiestas me interesan menos que los días mansos y vulgares, en los cuales con el trabajo se reforma y se embellece el mundo”.De su designación como Directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas, se cuenta la siguiente anécdota: Pedro Aguirre Cerda, Ministro de Instrucción Pública del Presidente Juan Luis Sanfuentes, convenció al Primer Mandatario de enviar a Gabriela Mistral a la austral ciudad .Cuando el secretario le llevó el decreto de nombramiento, el Presidente se negó a firmarlo porque, dijo, “no puedo designar a esta señorita Lucila Godoy, pues ya le ofrecimos ese puesto a Gabriela Mistral...”
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