Así como las Iglesias, estos molinos fueron parte del basamento que dió origen al modo de vida chilote.
por CARLOS OYARZÚN CÁRDENAS Escritor e investigador FUENTE: www.chiloeweb.com Es difícil encontrar registros exactos de la construcción de los primeros molinos de agua en Chiloé, sin embargo de 1660 en adelante proliferaron en forma continua en la isla de Quinchao. Los Jesuitas ya daban cuenta de ello al mencionar que sus alumnos, españoles he indígenas llevaban a las escuelas “una bolsita de harina tostada donde hacían un ulpito para el almuerzo”. Ya del año 1700, los carpinteros chilotes eran maestros en el arte de la construcción de molinos, así como de sus accesorios, los cuales incluso llevaban fuera del Continente, en especial las piedras talladas, como lo hizo el chilote poblador Remigio Mansilla en 1796, a solicitud del Administrador de Osorno ,Sr. Olaguer Feliu. No es la cuestión aquí hacer un estudio completo sobre el particular, sino destacar la labor que realizan algunos profesionales y estudiantes universitarios para conservar lo que “todavía nos queda”. Es el caso de Andrea Román Merino y Laura Torrejón Noce, estudiantes de la carrera de Técnico en Restauración del Duoc UC de Valparaíso, en proceso de titulación, las cuales se encuentran en Curaco de Vélez realizando su Tesis sobre “Molinos chilotes de la Isla de Quinchao” y realizar también un catastro sobre su estado de conservación. Considerando lo anterior, me he interesado en el tema y es increíble ver en el estado deplorable y abandono en que se encuentran la mayoría de ellos, incluso mas de uno perdidos entre la maleza .Es triste si pensamos que en una época pasada fueron los que abastecieron de harina a todos los habitantes del archipiélago. De un catastro de 37 molinos realizado el año 1980 en la isla de Quinchao por alumnos de la Universidad Austral de Chile de la Facultad de Letras y la Educación de Ancud, entre los cuales se encontraba el ahora profesor curacano Francisco Ojeda Sotomayor, dan cuenta que la mayoría estaban operativos. En el Río Vélez, solamente, según don Carlos Gallardo, vecino de Curaco de Vélez, de de 92 años de edad, funcionaban mas de 15 molinos Como no recordar el molino de don Ramón Gallardo, de doña Rosario Oyarzún, “Doña Chayito”, el de don Abel Soto (que no está en el catastro), de don Luís Alarcón, de don Ismael Novoa, etc., de los cuales ahora solo existe uno que pertenece a doña Luisa Subíabre, viuda de don Ramón Gallardo y que solo sirve para atractivo turístico en la Cancha del Deportivo “Vélez.” El ocaso de los molinos chilotes, se debió en gran medida al advenimiento de la industria molinera que absorbió a los molinos chilotes de autoconsumo. Esta eventualidad, mas la migración y abandono de los campos por las nuevas generaciones, que vieron en la industria, en especial en la acuícola un medio mas fácil de ganarse la vida, dejaron de lado nuestras tradiciones ancestrales que ahora son un triste recuerdo. Es imperativo entonces rescatar muestras tradiciones, restaurando molinos que aún nos quedan en pie, para las futuras generaciones la conserven como patrimonio cultural, con proyectos efectivos y no de tapadera. Así observaremos orgulloso nuestro pasado familiar e histórico. Para que los turistas que nos visitan vean los molinos funcionando y no sea solamente una fachada para una foto del recuerdo. Por tanto, deben restaurarse con maderas nobles de la región, tal como eran antaño, con techos de alerce y paja, no con elementos que tengan que ver con la modernidad. Si las iglesias de Chiloé están consideradas como Patrimonio de la Humanidad y Monumentos Nacionales, también los molinos deben estar en esta categoría. Lo anterior, para que el Gobierno se encargue de su restauración. Ojala el Jefe de Monumentos Nacionales de Chiloé, mi diligente y entusiasta amigo Felipe Montiel Vera, solicite y agregue a la intensa lista de los muchos sitios arqueológicos y históricos que ha declarado como patrimonio cultural en el archipiélago, los molinos chilotes.
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