EL TERREMOTO, O LOS TERREMOTOS DEL AÑO 1960
Viernes, 22 de Mayo de 2009 04:25
En un día como hoy, 22 de mayo de 1960, tuvo lugar en el sur de Chile el terremoto más grande históricamente registrado por la humanidad. Los efectos fueron catastróficos en vidas humanas y en pérdidas materiales, pero nos levantamos de nuevo. La pregunta no es si volverá a ocurrir algo similar, sino CUÁNDO… La foto corresponde a lo que sucedió en la antigua fábrica fundición El Volcán situada frente al actual Gimnasio Español de Osorno.

 

 

 

por MILTON VARGAS


El Terremoto del 60, conocido también en la historia como Sismo de Valdivia, en realidad fue una serie de terremotos de enorme magnitud que se dieron uno tras otros; es probable que la percepción de que aquel domingo 22 de mayo el movimiento había durado 15 minutos hubiera sido internalizada por la gente adulta de la época, debido a que realmente ocurrieron dos sismos grandes y seguidos en el territorio de las actuales Región de Los Lagos y Región de Los Ríos; y porque minutos antes de que sucedieran ya había venido un temblor fuerte. Nadie alcanzó a percibir el término de uno y el comienzo de otro, sino que lo que quedó fue la sensación de uno solo, prolongado y potente.

El Sismo del 60, hablamos de aquel que fue el más potente de la seguidilla  –hasta ahora- es el terremoto más violento registrado históricamente en el mundo. No es que haya sido el más violento en la larguísima historia del mundo [más de 4 mil millones de años] o que haya vivido la humanidad desde que comenzó a aparecer en el planeta hace algunos millones de años, sino que se trata del que ha sido registrado por instrumentos diseñados por los científicos. El peak fue una magnitud de 9.6 grados Richter y 12 grados de intensidad en la escala Mercalli.

COMENZÓ EN CONCEPCIÓN

En realidad la catastrófica actividad sísmica más perceptible que castigó al sur de Chile ese año de 1960 había comenzado el día 21 de mayo en Concepción y como a saltos se prolongó fuertemente hacia el sur hasta el domingo 22 en la tarde. La acción telúrica abarcó entre Concepción y la Península de Taitao en la Región de Aysén. Provocó en su conjunto la muerte de unas 5 mil personas y daños materiales estimados en 550 millones de dólares de la época.

Fue tan potente que el tsunami que desató a continuación no sólo asoló poblados costeros del área afectada en Chile, sino que también atravesó el Océano Pacífico para dejarse caer en Hawai, Japón e incluso en Filipinas. La ola gigante originada en Chile se desplazó por el océano a la velocidad de un jet, llegó a Hawai en 15 horas y al Japón en 22 horas, dejando 61 muertos en la primera y 138 en el segundo. En Filipinas murieron al menos 32 personas. Hasta la costa oeste de Estados Unidos sufrió embates del tsunami, con grandes pérdidas económicas.

Quenuir era una localidad costera del Pacífico de la Provincia de Llanquihue y fue borrada del mapa. Hoy día la villa está emplazada en una parte más alta. Ahí murieron al menos 105 personas. Incluso restos del cementerio local fueron llevados 5 kilómetros tierra arriba por la fuerza de las aguas; el maremoto fue tan grande que sacó de sus tumbas a los muertos.

En rigor, durante los fatídicos días del 21 de mayo y el 6 de junio de 1960 hubo entre Concepción y Taitao 9 terremotos: dos en Concepción el día 21; 3 el día 22, uno en Concepción y dos en la Región de Los Lagos. Y los restantes, los días 25 y 26 de mayo, 2 y 6 de junio en el sur austral de Chile.

EL PUERTO DE PUERTO MONTT resultó dañado totalmente.

 

CHOQUE TITÁNICO DE PLACAS TECTÓNICAS

Los científicos que vinieron más tarde en masa al sur a estudiar lo sucedido, determinaron que el origen del fenómeno estuvo en el choque de las placas tectónicas sobre las cuales vivimos: Nazca y Sudamericana, o marina y continental, en que la primera va penetrando debajo de la segunda en virtud de un proceso que los geólogos denominan subducción.

Esta subducción que normalmente es de 9 centímetros por año, en ese tiempo experimentó una aceleración inusitada debido a la gigantesca acumulación de energía en la falla geológica -o área de contacto de ambas placas- y al liberarse esta energía provocó que intempestivamente y en poco lapso de tiempo la Placa Sudamericana o continental avanzara sobre la de Nazca en 24 metros. Ello levantó la plataforma continental en una extensión de mil kilómetros, desatando primero los terremotos y después el consiguiente maremoto o tsunami.

El descomunal ´´gallito´´ entre las mencionadas placas de Nazca y Sudamericana -según los científicos-, provocó deformaciones tectónicas verticales y horizontales en un área de 200 kilómetros de ancho y mil kilómetros de largo: desde Concepción a Península Taitao y desde los Andes hasta el Pacífico. Los lagos experimentaron ´´lagomotos´´ e incluso el Nahuelhuapi en la zona de Bariloche sufrió un fenómeno colateral de este tipo y que destruyó el muelle y embarcaciones, y causó pavor en la hoy ciudad turística argentina.

Fue tan grande aquello que en todo el cono sur de nuestro continente fue percibida esta descomunal actividad sísmica, la más catastrófica que ha sufrido nuestro país.

En términos de lo ocurrido a nivel de la superficie terrestre, en Guamblín –sur austral de Chile- se produjo un solevantamiento de 5,7 metros y en cambio en Valdivia se registró un hundimiento estimado en 2,7 metros. Ahí las tierras se inundaron dando paso posteriormente a los actuales humedales característicos de esa provincia.

Pero la tierra en el sur chileno no se tranquilizó el 22 de mayo de 1960. En los próximos 8 años siguió temblando y por lo menos se registraron en ese lapso 8 grandes réplicas.

La superficie de la tierra continuó experimentando levantamientos: entre 1964 y 1973 se estima que Puerto Montt registró un solevantamiento de 4,7 centímetros por año; y que entre 1980 y 1985 dicho solevantamiento fue del orden de los 2,4 centímetros por año. Todo este proceso natural ha sido medido por los expertos en el mareógrafo existente en Puerto Montt y se estima que el área que ocupa la ciudad capital regional se ha elevado al menos un metro desde el año 1960.

LA MATERNIDAD DEL EX HOSPITAL SAN JOSE DE OSORNO, en calle Los Carrera con Angulo.

DESOLADOR PANORAMA TRAS EL TERREMOTO en Los Carrera con Prat en Osorno.

 

 

VISIÓN CIENTÍFICA

Con mayor precisión científica, el profesor Rodrigo Flores -durante una conferencia ofrecida en la Academia de Ciencias en agosto de 1999- se refirió a lo ocurrido realmente en mayo de 1960 en el sur de Chile.

El 21 de mayo de 1960 –según explica-, a las 6.02.52 AM, tiempo local, un fuerte temblor de foco superficial sacudió la zona central del país. Su epicentro se ubicó cerca de Concepción y su magnitud fue de 7,5 grados Richter, en tanto que su intensidad fue estimada en VIII a IX grados Mercalli.

Ese sábado y el domingo 22 se sucedieron numerosas réplicas alcanzando las más fuertes magnitudes de 6.5, 7.5, 7.8 y 7.5 grados Richter, respectivamente.

El domingo 22 de mayo de 1960, a las 3.10.48 PM se produjo un terremoto de magnitud 7.5 con epicentro cerca de Chiloé. Este sismo había sido precedido 15 minutos antes por un temblor menor que ya había causado alarma en la población.

Inmediatamente después, 28 segundos más tarde de ese temblor nacido en Chiloé -y para la percepción humana de la época antes de que cesara el movimiento del suelo- ocurrió un gran terremoto de considerable mayor importancia, de 9.6 grados Richter. ´´Sus características se ven obscurecidas –dice el experto- por el temblor que inmediatamente le precedió´´. El epicentro de este gran terremoto se ubicó mar adentro, a 180 kilómetros al oeste de Valdivia y fue de foco superficial.

La perturbación tectónica que empezó cerca de Concepción el 21 de mayo de 1960 progresó al día siguiente paralela a la costa hacia el sur y tuvo muchos epicentros y réplicas. ´´Se puede estimar que hubo una liberación de energía acumulada a lo largo de mil kilómetros´´, señala.

El gran terremoto también generó uno o dos maremotos de efectos devastadores. El tsunami empezó 15 a 30 minutos después del gran terremoto originado en Valdivia y continuó por varias horas, alcanzando la ola en algunos lugares alturas de más de seis metros y causando considerables daños en las costas de Chile, en las Islas Hawai y Japón.

Como si fuera poco, el 24 de mayo de ese mismo año el  Cordón Caulle- situado en la provincia de Osorno- entró en erupción, actividad que se prolongó por varias semanas.

 

SE DECÍA QUE GIGANTESCAS GRIETAS habían "tragado" a la gente...

 

RECUERDOS DE LA INFANCIA

Como ya lo consignáramos en un trabajo anterior en SURLINK, el Sismo del 60 fue un momento patético asociado al tema del fin del mundo que le correspondió vivir en forma brutal a la generación de sureños que hoy son abuelos.

Cuando ellas y ellos eran niños, una tarde del día domingo 22 de mayo de 1960 tuvo lugar el terremoto más grande de la historia a nivel mundial: alcanzó una magnitud de 9.6 grados en la zona epicentral situada en la Provincia de Valdivia y se extendió por espacio de 15 minutos.

Hoy se sabe que en realidad fue la sucesión de al menos tres grandes sismos, donde mientras no se terminaba de percibir el fin del primero ya se estaba iniciando el siguiente. Eso llevó a la gente a crecer con la idea de que había sido un solo terremoto violento y extremadamente largo.

Con todo, aquel fenómeno fue más que violento, porque mató a casi 5 mil personas en nuestra zona y sus dos maremotos mataron otros cientos en lugares tan lejanos como el Japón y Hawai.  Como si fuera poco, la  propia inclinación del eje del planeta se vio alterada, según sostendrían tiempo después los científicos.

Pero el llamado Sismo de 1960, de ese domingo 22 de mayo, había venido precedido de una seguidilla de terremotos que se habían  registrado el día anterior en la zona de Concepción y a nivel nacional ya reinaba una suerte de ambiente catastrofista y de temor colectivo. Y además en esa época estaba en plena vigencia el astrónomo autodidacta, pero de gran influencia en la opinión pública, Carlos Muñoz Ferrada, quien por esos años era famoso por sus anuncios de cataclismos sísmicos, algunos de los cuales había vaticinado con éxito, como fue el gran terremoto de la década del 30 en Chillán.

No menos relevante era la ignorancia casi absoluta, incluso a nivel de las llamadas clases cultas, acerca de los fenómenos de la naturaleza y el predominio avasallador de las creencias religiosas que desde tiempos remotos han reforzado la creencia en un final trágico del mundo. Pocos sabían, sin embargo, que la humanidad se encontraba en aquella década del 60 al borde del abismo, debido al amenazante e irreconciliable conflicto que mantenían las superpotencias militares Estados Unidos y la ex Unión Soviética con sus arsenales saturados de ojivas nucleares.

En el recuerdo aún fresco de muchos sureños permanece, desde 1960, que apenas terminado aquel fatídico movimiento sísmico y mientras las personas se erguían desde el suelo al que habían caído a causa del movimiento de la superficie, mientras las familias intentaban reunirse en forma desesperada, en medio de los ayes, de los llantos, surgió entre los adultos una expresión que los niños de entonces no olvidarían más: ¡ES EL FIN DEL MUNDO!...

Mucha gente de rodillas imploraba al cielo el perdón de los pecados. Rumores como que Chiloé y Puerto Montt habían sido cubiertos por el mar salido de madre, se complementaban con otros que hablaban de grandes grietas en la tierra que se habían tragado a la gente. ¡Es el fin del mundo, perdónanos Señor!...

La primera noche, en circunstancias que la tierra aún se movía, o la gente creía sentir que se movía, sin agua, sin luz, sin radio en los hogares –no había otro medio de comunicación por entonces- nuevos cuentos transmitidos por aterradas personas que divulgaban sus impresiones llevarían al paroxismo a los niños que se aferraban de las faldas de sus madres. Se hablaba de muchas, cientos, miles de casas y edificios destruídos, de mucha gente muerta; de que los militares estaban fusilando en el acto a quienes eran sorprendidos robando, violando el toque de queda que se había instaurado, en fin. Las horas eran largas y de oración permanente. De expectación y de terror porque se suponía que vendría otro terremoto más letal aún. Al cuento de las grietas alguien le agregó el elemento de que se había visto surgir de ellas gigantescas y desconocidas bestias…

Agoreros de mala muerte surgieron en los barrios, cuerno mapuche en mano, resoplándolos como llamando a la última batalla, con rostros desencajados y oscuros para reafirmar la idea de que el mundo estaba out. La gente se agolpaba en torno a ellos y lloraba desesperada.

El terror duró algunos años. Esa generación creció con el miedo a flor de piel, e internalizado profundamente en la mente infantil. Porque ese año también entró en erupción el Cordón Caulle, una cadena volcánica situada en la provincia de Osorno y al año siguiente lo hizo el volcán Calbuco. Y las réplicas del Sismo del 60 se extendieron por espacio de 8 años. “Fue nuestro propio fin de mundo”, recuerda un abuelo de hoy, y niño de la época.

UN ANTES Y DESPUÉS

El Sismo del 60 permanece en el recuerdo de quienes lo vivieron y a las generaciones actuales les parece un tema irrelevante, aunque en el imaginario colectivo siempre subyace el temor de que algo parecido volviera a ocurrir. Si estamos o no preparados ahora que se levantan grandes construcciones en áreas que fueron severamente golpeadas por la naturaleza es un cuento aparte.

Lo que sí es trascendente desde el punto de vista histórico, es que el Terremoto constituyó un punto de inflexión en el desenvolvimiento de la sociedad sureña. Métodos, estilos y visiones acerca de cómo organizar la existencia social cambiaron abruptamente para bien; se mejoraron los caminos y los viaductos, los aeropuertos, los puertos, etc. Se estableció y se avanzó en el conocimiento científico acerca de lo que es nuestra zona como espacio de la naturaleza, sujeto a constantes modificaciones y alteraciones en el tiempo y el espacio.

También se ha determinado que el del 60 no será el último, que vendrán otros en el futuro, porque vivimos sobre una área sísmica y volcánica. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo va a suceder y por lo tanto siempre se debe estar preparados. Lamentablemente un terremoto no se puede predecir como el estado del tiempo, pero no estamos libres de ese tipo de fenómenos naturales ni lo estarán las generaciones por venir. Lo importante es no olvidar la historia.

¿Y SI VOLVIERA A SUCEDER HOY?... ahora que estamos tan modernizados...

MIENTRAS TANTO, LA VIDA discurre tranquilamente también en Puerto Montt.

 

 

 

TESTIMONIO OLVIDADO...


Juanito, niño de 7 años de esa época lo recuerda así:

"El cielo no estaba nublado, pero estaba como estático. Un horrendo ruido subterráneo se escuchaba, que dominaba sobre los gritos de las personas, el suelo se veía como ondas del mar y se elevaba un polvillo asfixiante. Los niños nos aferrábamos de los adultos que estaban a nuestro lado mientras ellos rezaban. Yo creía que era un temporal, como uno que me tocó vivir en Osorno cuando recién tenía como cuatro años. Mis padres no estaban al lado mío, yo estaba jugando cerca de unos vecinos en Rahue Bajo... recién habíamos terminado de almorzar y como era domingo habíamos tenido postre ese día: leche con sémola que cada vez que lo como me recuerda ese día...

Fue traumático, qué quieres que te diga. Aunque después los niños competían acerca de lo "valientes" que habían sido durante el terremoto. Pero todo no era más que bravuconadas de los que en aquellos días crecíamos en el duro y bravo barrio de Rahue. Ni siquiera existía Rahue Alto. Sólo se que mientras viva no lo olvidaré..."

 

 

 

 

EL TERREMOTO, O LOS TERREMOTOS DEL AÑO 1960
 
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