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DESCRIPCIÓN

El ZUNCHO era el "automóvil" del niño de los años 60.

El implemento o juguete era un aro de goma de poco más de medio metro de diámetro, con un grosor de 8 a 10 centímetros, que se obtenía seccionando la parte interna de una rueda de camión de desecho, o de vehículo menor, y un palo corto de unos 15 centímetros de largo con el cual se le impulsaba, direccionaba y frenaba, y se la hacía girar a la velocidad que su dueño pudiera imprimirle.

El zuncho también podía ser de metal, por lo general un aro de rueda de bicicleta también en desuso, el cual era impulsado por un gancho armado con un alambre grueso, o más fino entrenzado, cuyo extremo era una especie de horquilla que cumplía la función de impulsarlo y direccionarlo.  Ese gancho era funcional a la estatura del niño -porque era un juego de varones- con un largo que podía ser de hasta 40 o 50 centímetros el cual era asido por su "conductor".

El zuncho de goma que era el más común, por lo general era adornado por su dueño con chapas o tapas de gaseosas que eran aplanadas con una piedra y clavadas con tachuelas en los costados del instrumento.  La idea era que el zuncho así adornado no solamente luciera vistoso, sino que sonara como cascabel al momento de evolucionar por la calle.

ASÍ SE JUGABA

El zuncho era un juego netamente de calle y exigía velocidad y maniobrabilidad, tanta como el estado físico y la audacia que pudiese alcanzar su dueño, que era el verdadero motor y conductor de este "vehículo".

Como tal se empleaba para desarrollar reñidas competencias, tanto de velocidad en tramos cortos, un par de cuadras; como de resistencia, verdaderos rally que solían recorrer el barrio entero e incluso pasar a otros.

La gracia es que los competidores conformasen un grupo "grande", 10 y hasta 15 niños, de modo que pudiesen defenderse por presencia cuando transitaban por otras calles o barrios, que eran "territorios" de otros grupos o pandillas infantiles.

El, o los ganadores eran los que cumplían primero las metas -a veces había empates de dos o más zunchistas- pero evitando que se les cayera el implemento durante el recorrido. A quienes les ocurría esto, por un acuerdo tácito se les iba considerando como "del montón" aun cuando llegasen primeros a la meta.

Sin embargo la distancia del recorrido no era el único obstáculo. Conscientemente solía elegirse terrenos con dificultades topográficas, que tuvieran cuestas de subida y de bajada, o lagunillas de agua lluvia y barro. Porque no se trataba de salir a pasear, sino de competir.

El fin del juego era cumplir los recorridos acordados pero sin cometer faltas de esa índole, o cometiéndolas lo menos posible.

COMENTARIO

Pese a la simplicidad que sugiere, el zuncho era un juego de alta exigencia física, no cualquiera podía osar ganar una carrera de velocidad o de resistencia, aunque si todos eran importantes para conformar un buen grupo frente a los peligros inherentes de la calle, como perros vagos, o los que escapaban a veces de sus patios, o simplemente pandilleros de otros sectores que defendían sus "territorios".

En este último sentido, el zuncho era un juego que establecía una hermandad entre los jugadores y todos se preocupaban de que los roces entre niños no amenazaran nunca la cohesión grupal. Por lo tanto, no era permitido dejar rezagados, a los cuales se solía esperar pacientemente, o si a alguien se le escapaba el zuncho por un accidente del trayecto se le ayudaba a recuperarlo, o en un caso extremo se le aconsejaba dejarlo y se le ayudaba después a proporcionarse un nuevo zuncho.

Claramente el zuncho no podía jugarse en los estrechos límites de la calle o del patio. Había que lanzarse necesariamente a la calle.

Pero el zuncho, como lo eran todos los juegos, definía también el perfil de su dueño. Los zunchos con mejor presentación, con adornos mejor acabados y por ende con mejor sonido o "cascabeleo" pertenecían a los mejores cultores, quienes dedicaban más tiempo y voluntad hacia su implemento. Porque arreglar el zuncho era una obligación personal y no tarea del papá ni del hermano mayor.

Con todo, no era extraño ver a veces a niños solos con un zuncho evolucionando por las calles, lo que hacían cuando sus madres los mandaban a comprar algo para la casa en el comercio detallista de los viejos barrios osorninos. Salir en zuncho -ir en zuncho- era una oportunidad única de cumplir en forma entretenida con un "mandado" de los mayores: jugando. Lo difícil era el regreso a casa con el paquete de una compra, o incluso frente a la eventual amenaza de agresión por parte de niños de otras calles. Pero siempre habían trayectos seguros que se establecían de tanto jugar recorriendo el barrio. O por último, estaba el recurso de la velocidad con que se pudiese huir del lugar.

Hoy en pleno siglo XXI resulta prácticamente imposible hacerse de un zuncho, porque como lo ha explicado un trabajador de una vulcanización –en que se reparan neumáticos de vehículos- actualmente todo el entretejido que sostiene la goma de la rueda es de metal y no de pita como era antes y que era lo que permitía su seccionamiento a cuchillo o tijeras.

Por esa razón es probable que el zuncho sea uno de los juegos callejeros que esté condenado definitivamente a la extinción total, porque morirá con la memoria de los abuelos de hoy una vez que abandonen esta vida.

BUEN ESTADO FÍSICO exigía a fondo este juego callejero...

 

 

El Zuncho
 
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