FONDO DE MEDIOS 2009

 

NICOLÁS NILO, PRESIDENTE PROVINCIAL DE LA CUT CHILOÉ

Multisindical frente a la peor crisis de los últimos 20 años en la Región de Los Lagos

La situación más compleja e inédita desde el retorno de la democracia le ha correspondido enfrentar a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en Chiloé, particularmente el año 2009, relacionada a la fuerte cesantía que ha dejado como secuela la crisis de la industria salmonera, desatada a su vez por el virus ISA.

Actualmente unos 7 mil trabajadores chilotes están representados en la CUT, agrupados a su vez en 27 sindicatos. El 70 por ciento pertenece al sector privado y el restante al público.

Según el presidente de la multisindical NICOLÁS NILO –un curicano establecido en Chiloé hace 15 años- lo que ha pasado los últimos años se trata de una “tormenta perfecta” por cuanto también ha incidido en la crítica situación la propia crisis mundial de la economía y la crisis en el sector mitilicultor.

La crisis del salmón ha dejado al menos 20 mil personas sin trabajo, el 60 por ciento de los cuales corresponden a la Provincia de Chiloé, señala este dirigente que representando a la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón (CONATRASAL) asumiera la presidencia de la organización a mediados de 2008, justo cuando surgían los primeros atisbos de la crisis.

Nilo -nacido en febrero de 1966 y criado en la zona rural de Curicó- ya estaba trabajando en faenas de mar en la Octava Región durante el colapso del carbón de la década de los 90 que afectara centros como Lota y Coronel. Esa crisis si bien fue fuerte y bien sonada en los medios de comunicación no tiene parangón con la que se vive hoy en el sur –según dice- ésta es mucho más terrible. Incluso se teme que se agudice este año 2010 y que cuando la industria salmonera logre salir a flote nuevamente no tendrá la misma cobertura de empleos, debido a las nuevas tecnologías productivas que introducirá. Nilo calcula la proporción en términos de que de 10 trabajadores que han sido “desvinculados” del sector habrá ocupación sólo para 6.

La deplorable situación de los trabajadores cesantes y sus familias fijó la agenda de la CUT en Chiloé a partir del año pasado, y hubo de cambiar el schwith de las reivindicaciones económico- laborales y de sindicalización a que estaba habituada, subordinando esa preocupación a la problemática de la cesantía. Había que socorrer de inmediato a los socios que están pasándola muy mal.

El punto –dice Nilo- es “cómo les solucionamos el problema de trabajo de nuestros socios cuando los empresarios los dejaron tirados (…) Nosotros tenemos claro que donde no hay regulación del Estado al momento que entra en crisis una industria es fácil deshacerse de los trabajadores y ¿quién se cargo?, el gobierno”.

Nicolás Nilo está plenamente comprometido en esa propuesta. Del carbón aprendió que si había capacitación para los cesantes esta tenía que ser diversificada: no todos pueden ser peluqueros, por ejemplo. Por lo tanto, como CUT ha participado directamente en las negociaciones con el gobierno, como contraparte del SENCE no sólo para el seguimiento del destino de los 7 mil millones de pesos que se destinaron para paliar los efectos sociales de la crisis, a nivel de 5.500 desvinculados, sino para asegurar que a la gente se le capacite en disciplinas distintas.

El presidente de la CUT Chiloé piensa que esos cuatro trabajadores que ya no tendrán cabida en el salmón en el futuro (el 40 por ciento de los que fueron despedidos), deben ser apoyados para una reconversión que los lleve a convertirse en trabajadores independientes o microempresarios: ahí están las posibilidades que ofrecen el turismo y la construcción, que es donde tiene que apuntar la capacitación, a su juicio.

La cesantía –describe Nilo- no sólo atenta contra la integridad y normalidad de los hogares de los trabajadores, ya en apremios durante los periodos de normalidad en las empresas. También atenta contra la dignidad de las personas –hombres o mujeres trabajadores- que hoy tienen que “rebajarse a trabajar en lo que sea y por lo que sea…”

“Rebajarse –explica- en el sentido de agüantar todo lo que venga. Es decir, no hay derecho a pataleo si lo hacen trabajar dos o tres horas extras y si reclama no importa”.

A raíz de este fenómeno el trabajador “ha perdido su dignidad porque en la mayor parte son jefes de hogar, sean mujeres o sean hombres, y tiene que llevar el sustento a su casa, por lo tanto se encuentra en la obligación de aceptar cualquier tipo de trabajo”, insiste.

Para Nicolás Nilo –casado y padre de dos hijos, la mayor a punto de ingresar a la universidad- este es un mundo de “cada persona en su metro cuadrado”. Pero –subraya- “yo creo que no es porque lo hayan querido, sino porque el modelo neoliberal los ha hecho así”.

“El metro cuadrado significa que me voy encerrando en mi mismo, no converso con el vecino porque no me da el tiempo; tengo que solucionar mis problemas económicos, tengo que pagar las tarjetas plásticas entonces uno se va poniendo egoísta con sus mismos vecinos de al lado”.

El sistema hace que cada uno se preocupe de cada uno. “Cada cual –dice- negocia su sueldo, su pan, con el empleador y voy adquiriendo compromisos con mi empleador y dejo de hacer cosas por cumplir esos compromisos porque tengo que traer más recursos para mi casa. Hay gente que trabaja las vacaciones. Entonces, en lo íntimo, en lo humano, creemos que nuestra sociedad, nuestros mismos trabajadores han sido invadidos por el modelo que hay en este momento; es decir el modelo lo atrapa y no lo deja ser más y va dependiendo cada día más de su empleador”.

“Los jóvenes que están entre 18 y 28 años la única forma que no se continúe con el ciclo de la pobreza es que tienen que estudiar. A mí no me cuadra que un joven salga de cuarto medio y que haya farreado los cuatro años y no le fue bien sabiendo que existen las posibilidades para un buen alumno. Tienen que estudiar, estudiar y estudiar para que puedan el día de mañana enfrentar la vida de otra forma, mucho más fácil que nosotros sus padres”.

Pero también “hay que mantener la cultura antigua, el respeto. No hay respeto por sus pares, por sus mayores, por los profesores, no hay respeto a absolutamente nada, ha aumentado la delincuencia. Hay que vivir con su familia, con la sociedad, tienen que meterse en la política”.

El joven tiene que insertarse en la sociedad porque están como afuera, en su metro cuadrado. “Los queremos que sean parte de las juventudes organizadas en las escuelas, en sus juntas de vecinos, en los clubes deportivos, hay que ir renovando y ahí los adultos tenemos que darles espacio y creernos el cuento de que es nuestra juventud la que tiene que reemplazarnos”.

 

 

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