FONDO DE MEDIOS 2009

 

MARGARITA ALICIA AROS PAREDES, LA AGUERRIDA PIONERA DE ALERCE SUR

Cuando el burócrata no entiende con buenas palabras,no que otra que la movilización social.

Una existencia de verdadera pionera ha vivido MARGARITA ALICIA AROS PAREDES como una de las fundadoras de la ciudad satélite de Alerce y ha invertido en ello su juventud de madre y esposa.

Como pobladora y dirigente social de Villa Lahuen, la primera unidad vecinal levantada ahí en los tiempos modernos con 162 viviendas que fueron habitadas el año 1996, Margarita, un mujer sencilla pero visionaria y con un férreo carácter templado en el rigor, tiene la suficiente autoridad moral como para enseñarnos hoy a sus 42 años de edad cómo el ser humano siempre es capaz de vencer hasta las más increíbles dificultades y las trabas que ponen el destino, la naturaleza, la burocracia, otros grupos humanos, incluso, y aún así casi sin respiro volver a levantarse y seguir soñando.

Ha pasado por todo lo inimaginable como protagonista y líder social de ese asentamiento que se gestara inicialmente para descongestionar Alerce Histórico -antigua y cercana aldea semi campesina de la era de la madera- y que se ha convertido hoy en 14 años en una ciudad satélite –con más poblaciones- concebida sobre la marcha para solucionar el propio congestionamiento poblacional de Puerto Montt, la capital de la Región de Los Lagos.

Junto a su esposo Ricardo Higueras y sus tres hijos varones, Margarita tuvo que enfrentar desde muy joven la incomprensión de sus propios coterráneos de Alerce Histórico –ella pertenece a una familia de ese lugar- que la responsabilizaron de la “ocupación foránea” del bucólico lugar. Hoy aún existe una rivalidad entre los dos centros poblados, ya que ella, su esposo que era el líder aquellos años y otros amigos dirigentes y pioneros, promovieron la incorporación al grupo inicial de Villa Lahuen –un conjunto habitacional de 162 viviendas- de familias provenientes de Puerto Montt.

DURÍSIMAS CONDICIONES

Y es que hubo que hacerlo –nos explica- porque aquel 1996 sólo 60 alercinos se atrevieron a instalarse en este lugar que había sido un hualve y sin la más mínima infraestructura urbana y sanitaria. El resto de los cupos hubo que llenarlos con “allegados” puertomontinos porque había que juntar gente para armar un centro poblado con todas las de la ley y acorde con la época.

Al momento de instalarse en la “casa nueva”, se encontraron con que no había alcantarillado y con calles que se transformaban en barriales. Incluso el camino Puerto Montt – Alerce – Puerto Varas era de ripio, lleno de baches, con un servicio de microbuses viejos que sólo hacían dos recorridos diarios y cuyos dueños más encima les subieron el valor de los pasajes.

Pero había algo peor…

El agua “potable” que les suministraban “tenía color, sabor y olor”. Hoy se le compara gráficamente con el color anaranjado de la chicha nueva de manzana. Pero en realidad era un líquido saturado de fierrillo –en extremo desagradable- y aunque no era apto para el consumo igual hubo que utilizarlo al menos durante seis duros años. La gente aprovechaba los inviernos para obtener agua de la lluvia en tarros y tener así para lavado, aseo y comida.

Esos años fueron particularmente difíciles para los niños. Se dice que en los veranos cuando la gente miraba hacia el oriente, la impresionante vista de la Cordillera de Los Andes con el imponente volcán Calbuco -que se tiene desde el lugar- era “nublada” por los gases que emanaban del pozo séptico central de la población emergente y donde se acumulaban las aguas servidas de todas las casas.

LAS VIEJAS REVOLTOSAS

“Nos bautizaron como las viejas revoltosas”, dice Margarita al recordar esos años porque si bien esos problemas han sido superados en gran parte hoy, ello fue el resultado de innumerables “tomas” del camino, de barricadas, y de “catetear” en busca de solución por cuanta oficina pública en Puerto Montt. Tocaron puertas incluso en el Congreso Nacional y estaban dispuestos a llegar hasta La Moneda.

Las familias de Alerce Histórico estaban un poco acostumbradas a vivir como semi campesinos pero anhelaban legítimamente una calidad de vida mejor. Pero la gente que llegó de Puerto Montt, acostumbrada a agua realmente potable y locomoción casi a la puerta de la casa y expedita, aunque vivían de allegados, dieron impulso a una movilización que ha sido prácticamente permanente.

Demasiada burocracia e ineptitud llevaron a los dirigentes incluso a pedir el apoyo de parlamentarios de derecha –ella es socialista desde los 17 años de edad- pero al fin fueron logrando los recursos para reparar casas que –como si fuera poco- estaban muy mal construídas. Primero fueron las puertas y techos, después los baños, cocinas e incluso pisos y vigas. Estaban completamente malas. Por eso nadie quería pagar los subsidios, porque en realidad todo eso de las casas nuevas era una estafa.

“Hay formas y formas de hablar. Si a uno no le entienden de buena forma, en buenas palabras, lo que nosotros hacíamos, pescábamos miércale y nos tomábamos el camino nomás”, señala con firmeza.

Con todo, hoy tienen escuela, consultorio, sede para la junta vecinal y organizaciones culturales, deportivas y sociales. Incluso la calle principal está convertida en una gran avenida pavimentada y, bueno, hace algunos años fue asfaltado el camino Puerto Montt- Puerto Varas, la llamada Ruta Alerce. La locomoción igual se desarrolló y se hizo más periódica.

DELINCUENCIA, EL PUNTO NEGRO AÚN

Sin embargo, casi desde el comienzo ahí también se gestó y desarrolló otra problemática: la delincuencia. De hecho Alerce Sur –que es la parte de la ciudad satélite incluída en la comuna de Puerto Montt y donde está la Villa Lahuen de Margarita Aros- no ha sido nunca un lugar seguro para vivir. La crónica policial de la prensa local ha recogido innumerables y graves hechos, como asaltos a comercios minoristas, a domicilios privados, a un supermercado e incluso a la propiedad pública que con tanto esfuerzo se levantó.

Primero fueron las pandillas que “lucharon” por el territorio, ya que en la medida que fueron surgiendo nuevas poblaciones, llegó gente de campamentos –muchos de cuyos elementos son claramente delincuentes- “los que eran malos querían seguir siendo malos”.

Pero hoy pareciera estar surgiendo un nuevo tipo de delincuencia más brutal de la mano de una inmigración que se ha registrado desde comunas bravas de Santiago. Gente de la capital ha comprado casas de pobladores desalentados por las dificultades que decidieron irse para siempre del lugar y están apareciendo con negocios e incluso camionetas cuatro por cuatro. No es coherente ese patrimonio con el nivel de ingresos de una población que carece incluso de fuentes de trabajo en su villa.

Ni ella ha escapado a este flagelo: Hace un tiempo “en menos de cinco meses me entraron a robar dos veces (en su local comercial de barrio), perdí alrededor de 700 mil pesos en mercadería que me dejaron así (se queda con los brazos cruzados). Tuve que cerrar”.

La drogadicción, el alcoholismo, han prácticamente aniquilado a toda una generación, los hijos de los pioneros, debido a que en gran parte han abandonado los estudios y no encuentran fuentes de trabajo a nivel local.

SURGE LA DIRIGENTA SOCIAL

Margarita nos cuenta que “en 1990 formamos el primer comité de vivienda con mi esposo y un grupo de amigos en Alerce Histórico. En 1996 nos entregaron la población Villa Lahuen”.

Primero fue la secretaria de la junta de vecinos que se organizó en el sector, después presidenta del primer grupo folklórico. Durante todos estos años “hemos formado el comité de salud, una escuela de fútbol, un grupo folklórico de niños, hemos participado en la junta de defensa del pueblo de Alerce y después fui presidenta de la junta de vecinos de Villa Lahuen”, cuando su marido se aburrió de hacer esa pega.

Una de las labores que le apasiona es el grupo folclórico donde es presidenta y trabaja con jóvenes hace 13 años, algunos integrantes ya se han casado. Sus hijos heredaron su afición por la música y hoy tienen sus propios grupos. “Mi casa es como un museo porque esta era como la sede del conjunto” que ahora ya dispone de una sede.

Está integrada también a la mesa de trabajo del Centro Vecinal de Desarrollo, un programa en el cual el gobierno pone las platas y los pobladores deciden qué se hace. Y ya han conseguido levantar una sala multiuso como para 80 personas para hacer actividades, cenas, cumpleaños. También se involucra en el programa “Quiero mi barrio 2” que reúne alrededor de 21 organizaciones, incluídas agrupaciones williche.

Pese a los escollos, Margarita cree fehacientemente que los pobladores de la ciudad satélite “tenemos futuro, siempre y cuando empecemos a educar a los padres y después a los jóvenes. Porque dígame, quién tiene la culpa que mocosos de 12, 14, 15 años anden delinquiendo, anden drogados, robando. Yo tengo tres hombres aquí, pero gracias a Dios donde mis ojos te vean. Uno siempre trata de saber dónde los hijos están”.

Pero “hay mamás que no están ni ahí; si llegó el hijo, bien; si no llegó, bien también”.

Margarita también cree –finalmente- que el sector necesita capacitación para sus dirigentes sociales. Hoy no basta con la voluntad, la vocación. Es necesario saber hacer proyectos porque sin proyectos no se consiguen recursos. Y sin proyectos no avanzará el sector.


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