JAVIER UGARTE MANSILLA, PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DEL SALMÓN
El Estado no estuvo a la altura para prever y evitar la crisis sanitaria que causó la cesantía de miles de trabajadores.
Si hay un “debe” dejado por la Concertación en sus 20 años de gobierno, sin duda este tiene que ver con la falta de protagonismo que le impuso al mundo laboral y sindical una legislación deficiente, que no le permite a los trabajadores desarrollar adecuadamente sus organizaciones sindicales para negociar y exigir el respeto de sus derechos frente a un empresariado muchas veces insensible y obsesionado con el éxito y animado sólo con el propósito de generar crecientes utilidades para sí.
Así lo cree JAVIER UGARTE MANSILLA, el joven presidente de la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón (CONATRASAL), quien se ha desarrollado como dirigente justamente en uno de los rubros más controvertidos y agresivos de las últimas décadas en materia de libertad sindical.
Ha sido difícil ser dirigente sindical en esta industria donde se han entrelazado factores tan contradictorios como antagónicos, como, por ejemplo, el enorme crecimiento productivo y financiero alcanzado en un momento dado, y porque ha sido también una industria que ha cometido muchos errores con los trabajadores, como las prácticas anti sindicales, una industria donde murieron muchos trabajadores y con una alta tasa de accidentabilidad laboral.
“La verdad es que ha sido muy complejo ser dirigente sindical en una industria que en 20 años hizo y deshizo, y donde las autoridades no le pegaron el freno que debían pegarle”, señala Ugarte.
También acusa al Estado y a los gobiernos democráticos en particular de haber aceptado sin más regulaciones una industria porque crecía, exportaba y generaba empleos, “pero a costa de prácticas anti sindicales, a costa de trabajadores muertos o accidentados”.
En su análisis el presidente de CONATRASAL asume que el respaldo estatal fue una acción consciente a favor de una industria que generaba muchos empleos y dinamizaba regiones y comunidades locales. Acepta que, de alguna manera, ello “ayudó al desarrollo de las comunidades, de la Región de Los Lagos, de las provincias de Llanquihue, Chiloé y Palena, las regiones de Aysén y Magallanes. Creo que fue un momento bien clave en ese punto”, pero con un costo que pagaron los trabajadores y que hoy pagan más al quedar cesantes tantos miles a raíz de la crisis sanitaria del virus ISA.
EL DETERIORO MEDIOAMBIENTAL
En lo que no aparecieron comprometidos los sindicatos, enfrascados en sus propias y directas reivindicaciones, sin embargo fue en la cuestión ambiental, al menos al comienzo cuando los únicos que profetizaban la catástrofe eran los círculos ambientalistas y a los cuales algunos sectores aún ven como “bichos raros”. El estamento laboral no sospechaba siquiera que por ahí vendría, a la larga, el golpe estratégico que ha sumido en la tragedia de la cesantía a más de 20 mil personas y que tiene en ascuas al resto de los 60 mil que alguna vez tuvieron trabajo directo e indirecto de la industria que revolucionó la Patagonia chilena.
Los sindicatos no previeron la crisis actual “porque en ese momento lo que prevalecía era otra cosa, la denuncia de las prácticas antisindicales”, explica Ugarte. Evitando caer en un mea culpa absoluto, el dirigente estima que como sindicatos “nos faltó efectivamente denunciar estos temas”.
Aclarando que el personal ante todo cumplía órdenes, cuenta que, “por ejemplo yo me desempeñé en Marine Harvest como asistente en salud por siete años, un trabajo que consistía en que yo revisaba todos los días pescado por pescado muerto, lo analizaba clínicamente”; en la práctica –según explica- era una especie de autopsia del pescado y de lo cual se llevaba un registro clínico de jaula por jaula respecto de las causas de muerte de los peces.
“Cuando encontrábamos que la muerte era ocasionada por una bacteria –indica- se le aplicaba antibióticos a los peces; pero en la medida que fueron pasando los años el salmón se fue haciendo también mucho más resistente a los medicamentos. Y eso hacía triplicar la dosis de antibióticos que se aplicaban al principio en forma oral. Entonces comenzó la aplicación inyectable de los antibióticos, y así frente a enfermedades como el SRS había que aplicar medicamentos para salvar el pescado. Lo mismo ocurría con el Cáligus, el piojo de mar, bañábamos con antiparasitario las jaulas, se desprendían los bichos pero no morían. Después se aplicó antiparasitario oral que al principio hacía muy buen efecto pero también posteriormente el bicho se fue poniendo más resistente y hubo que aplicar otras cosas más”.
El fenómeno escaló y llegó a envolver al conjunto de la industria salmonera.
Todos los trabajadores –incluídos los jefes- obtenían bonos por producción lo que también era un incentivo para tratar de evitar bajo cualquier forma la muerte de los peces. En consecuencia en el crecimiento del deterioro ambiental que al final condujo a la crisis hubo una suerte de “complicidad” insconciente de parte de los propios trabajadores, según lo acepta Ugarte.
Pero puntualiza que “en ese sentido el Estado, el mundo que regula a la industria acuícola que en este caso es el Servicio Nacional de Pesca, no cumplió su rol y en ese sentido yo he sido bastante crítico y lo he dado a conocer. Por eso cuando empieza a aparecer este tema del virus ISA en el 2007 fuimos primero nosotros los trabajadores quienes lo denunciamos, no fueron ni la industria ni las autoridades, fuimos nosotros en la Cámara de Diputados donde mostramos los antecedentes de lo que había pasado ya en Canadá, Escocia, etc”.
Era mediados del año 2007 –según recuerda- cuando comienzan a aparecer los primeros brotes de virus ISA afectando el salmón salar en el sector Puchilco de Marine Harvest situado en el centro de la isla grande de Chiloé. “Con el correr de los meses comenzaron a aparecer brotes en otras empresas”.
Frente a la demanda de mayor información la industria reaccionaba acusando a Ugarte de “alarmista”, instándolo a ser “un poco más responsable (…) nos bombardeamos mucho por los medios de comunicación”.
Ugarte cree hoy que la industria salmonera ocultó la información porque, a su juicio, la enfermedad el ISA estaba presente “hace mucho rato y nadie se atrevía a decirlo”.
Al final fue el rumor el que destapó la olla. “Nosotros le pedimos entonces una investigación al Estado, porque lo decíamos: lo que viene aquí es grave. En Escocia hubo que matar el cien por ciento de los pescados, eliminar, quemar bodegas y alimentos, pescados, quemar todo, para poder controlar esta situación. Y se nos creyó a pesar que el gobierno al comienzo tampoco creía”.
La abrumadora cesantía que afecta unas 22 mil personas y una industria que no ha podido levantarse, lamentablemente dieron la razón a los sindicatos.
Ugarte tiene claro que la industria nunca volverá a ser aquella que llegó a proporcionar empleo a unas 60 mil personas, directa e indirectamente, desde La Araucanía hasta la Región de Magallanes.
EL DIRIGENTE SINDICAL
El sindicalismo en la industria salmonera nace a comienzos de los 90 y transcurre esos años en forma tímida y limitada por cuanto existen muy pocos sindicatos. Recién en los años 2000 el sindicalismo emerge con mayor fuerza y comienza un nuevo ciclo. Ahí “recién los trabajadores sindicalizados comienzan a levantar la voz”, dice Ugarte.
“Ahí comienza la denuncia de los abusos pero también la persecución, comienzan los desafueros y las demandas”, apunta el dirigente.
Javier Ugarte emerge en el movimiento sindical en el año 2003 tras ser elegido como primer director del sindicato de Marine Harvest de la provincia de Chiloé y con base en Achao. Eran unos 650 trabajadores sindicalizados a nivel de la provincia en esa empresa y tuvo su prueba de fuego en la negociación colectiva más compleja que hubo esos años en Marine Harvest que los tuvo al borde de la huelga.
Mucha agua ha corrido rápido desde entonces bajo los puentes, por cuanto Ugarte se fue construyendo como dirigente ayudado también por su participación en innumerables jornadas de capacitación y de análisis de la realidad laboral del sector. El gran sindicato que abarcaba Chiloé también vivió la escisión del sector de Quemchi –al que pertenece el dirigente- y desde ahí se estructuró el proyecto CONATRASAL que finalmente lo ubicó a la cabeza del movimiento sindical salmonero.
La CONATRASAL nació el 6 de diciembre del 2006. Está constituida por organizaciones jóvenes, lo refleja la edad promedio de los dirigentes. 33 años. Actualmente agrupa a 3.500 trabajadores, aunque llegó a tener 5.500. pero a raíz de lo que ha ocurrido ha bajado. Son 40 sindicatos asociados en la macroregión salmonera: Regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes.
Javier Ugarte, elegido como secretario general, asume la presidencia de esta confederación seis meses después de la fundación debido a que Rosa Bahamonde Oyarzo –elegida como la primera presidenta- tuvo que abandonar el cargo por razones de salud, quedando ella como secretaria general. El mandato de la directiva concluye en diciembre de este año 2010.
EN LO PERSONAL
Nacido el 26 de febrero de 1976, hijo de campesinos, su madre y padrastro lo llevan de niño a la isla de Caucahue donde estudia la enseñanza básica. Después se traslada a Quemchi para cursar su enseñanza media. Casado padre de dos hijos, amante de la radiofonía ha sido corresponsal durante 14 años de radio Bio Bio, que abandonó tras asumir la presidencia de CONATRASAL. Aunque se desempeña como gerente y director de una radio comunitaria en Quemchi.
También es adicto a la eficiencia y al orden. Por eso admira a Noruega donde estuvo en una gira el año pasado. Y aunque es socialista percibe a la política en Chile y en general en América Latina como “desordenada, demagógica y muy ambigua”. Es una política “muy ambiciosa y no me gusta eso porque creo que en los políticos ha prevalecido ser ambiciosos y no preocuparse realmente de las cosas de la gente”, dice.
“En este tiempo que he estado en el movimiento sindical me he dedicado a trabajar fuertemente por la gente. Y tengo muy buena relación con los políticos de diferentes sectores”.
Cree también que es el momento que los jóvenes también tengan su oportunidad en política; “no queremos seguir hablando del pasado, queremos hacer algo nuevo y a eso es lo que aspiro a futuro, obtener un cargo político, no sé si de la comuna, pero no está dentro de mis prioridades. Mucha gente me ha pedido que me tire de candidato a concejal en la próxima elección, pero yo les digo que soy feliz donde estoy porque igual los puedo apoyar”.
A su juicio, si aquellos que han estado tanto tiempo ocupando cargos en los partidos y en el aparato público dan un paso al lado para que emerjan los jóvenes, la política se saneará, se podrá avanzar en mayor diálogo constructivo y menos confrontación, porque hoy día los jóvenes –a diferencia de la generación de los 60 o 70- ya no tienen ningún conflicto para conversar y hasta ponerse de acuerdo en cosas, independientemente de que sean de izquierda o de derecha.
“Cuando eso comience a cambiar voy a decir que aquí hay alguien disponible para estar presente donde sea necesario para aportar”, señala.
Y respecto del porqué de su opción por la vida sindical señala que “mi peor enemigo son los atropellos y los abusos. Ese es el bicho que tengo al interior de mi corazón que hace que yo esté metido en el mundo sindical. No me gusta que se pase a llevar a la gente, a la más pobre, a la más desposeída, a los trabajadores que a veces por falta de cultura se les abuse”.
LA CESANTÍA
Respecto a los cesantes –aclara Ugarte- no es SalmonChile la que se ha ocupado del problema social, como lo han enarbolado en la prensa, sino que es el equipo de CONATRASAL, la CUT, el que ha gestionado la obtención de los primeros 7 mil millones de pesos que sirvieron para montar un Plan Salmón que al menos dio un respiro a los cesantes en los duros días del 2009. No hay que vestirse con ropa ajena”, le advierte Ugarte a la patronal salmonera.
“Los cesantes no pueden decir que están solos. Los trabajadores cesantes están siendo apoyados por nosotros los dirigentes sindicales que quedamos y que alguna vez fuimos respaldados y elegidos por esos mismos trabajadores”.
Al cierre de este trabajo periodístico la organización se encontraba negociando con el gobierno la posibilidad de aumentar la destinación de recursos públicos, ya no 7 mil, sino 14 mil millones de pesos para establecer un fondo para un verdadero Plan Salmón frente a una cesantía que no tiene visos de mermar. Pero también han estado pidiendo un coordinador especial para la emergencia que se desempeñe estrechamente con la CONATRASAL. Como una especie de ministro en terreno, o un delegado presidencial.
Además, a nivel de bases y a fin de tener una mejor comunicación, han sido constituídos tres comités de cesantes, en Castro, Ancud y Quemchi.
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