JAIME GALINDO CORTEZ, PRESIDENTE DE LA JUNTA DE VECINOS JUAN DE DIOS GUAJARDO
Si los padres son solidarios, tendrán hijos solidarios. Se aprende con el ejemplo vivo.
Claramente pareciera ser que a padres solidarios les suceden hijos solidarios.
Así al menos lo demuestra la vida de Jaime Iván Galindo Cortez, inspector de microbuses, quien es el actual presidente de la Junta de Vecinos de la Población Juan de Dios Guajardo de Ovejería, en Osorno.
Sus padres cuando estaban juntos –el progenitor falleció cuando Jaime Iván era aún adolescente- tenían la costumbre de acoger en su casa a cuanto sobrino andaba por ahí e incluso de criarlo y educarlo. Su madre aún lo hace. Y como si fuera poco, también lo hacían con vecinos sin lazos familiares, como aquel que junto a sus dos hijas vivió casi un año en la casa paterna, y a quien se le habilitó como pieza el comedor del hogar por el tiempo que duró su recuperación de una grave lesión sufrida en un accidente.
Por eso es también que el propio Jaime Iván ha “agüachado” un indigente en casa, donde vive con su madre, a quien le ha dado de comer diariamente hasta que éste -cuando estaba a punto de conseguirle una “ranchita” para dormir- se le ha metido al patio para robarle. Extraño pago de un sujeto dominado por el alcoholismo, pero a quien Galindo no le ha negado ayuda. De hecho, con anterioridad el mismo individuo –conocido como “El Camello”- ya le había jugado una mala pasada un día, al filo de la medianoche, cuando llegó a la casa y lo “empapeló” con insultos porque a esa hora no le tenían comida, sólo un sándwich. Pensó no preocuparse más por él pero igual se ablandó cuando reapareció meses después clamando por alimento. De seguro, ahora de nuevo volverá, y lo recibirá, pese a que, por cierto, le dijo que no quería verlo nunca más tras el robo.
“Uno no aprende nunca…”, comenta…. “¿Será que estoy quedando leso?” (rie)
No se queja de su infancia, ni de su juventud; sí del temprano adiós de su padre, fallecido cuando él aún cursaba la enseñanza media, y que es un dolor eterno. La mamá quedó con un cuarto del ingreso monetario que tenía en vida su marido por lo que el hijo tuvo que salir a “pelar el ajo” para sostener el hogar. “Disfruté muy bien a mi padre el tiempo que estuvo vivo, creo que me dejó excelentes valores el viejo, a pesar de que no me acompañó muchos años. ¿La vieja?... es una excelente persona, humanitaria”, confiesa.
Jaime Iván Galindo Cortez tiene 36 años de edad. Nació el 25 de febrero en 1973 y ha estado toda su vida en la Población Juan de Dios Gajardo de Ovejería.
SUS INICIOS COMO ACTOR SOCIAL
Su entrada al mundo del quehacer social, como la generalidad de los casos, ocurrió en forma espontánea, no planeada, ni prevista, cuando tenía unos 27 años de edad: “Uno cuando se mete en esto, se mete sin querer”, dice.
Según su relato, todo comenzó cuando una solitaria anciana que llegó a vivir al barrio, la que un día y repentinamente enfermó gravemente y ni siquiera podía autosostenerse; entonces se desató toda una cadena espontánea de solidaridad. “Con los vecinos comenzamos a colocarnos de acuerdo: unos le iban a dar el desayuno, otros el almuerzo, y así. Y si se empeoraba la viejita yo salía pegando con ella a las tres de la mañana (rumbo al hospital). Eso se prolongó por casi un año y medio hasta que la abuelita falleció”.
“Y ahí me dije, de qué otra manera puedo seguir ayudando; me quedé con el bichito, como se dice”.
Más tarde los vecinos se involucran en un proyecto destinado a pavimentar su calle Santa Paulina. Se forma un comité presidido por una mujer y en el cual se le nombra vicepresidente. Pero las cosas no avanzaban. “Porque, si bien es cierto tengo su grado de paciencia, cuando las cosas no avanzan también me gusta que me digan porqué no avanzan, qué está pasando. Y al no obtener respuestas satisfactorias, le pregunté a la presidenta si se encontraba capaz de seguir en el puesto o si no que delegue… y, delegó”. Desde entonces ha estado en diferentes puestos en la organización comunitaria.
La Población Juan de Dios Guajardo situada en el lomaje de Ovejería tuvo sus orígenes en una toma de terreno de comienzos de la década de los 70. El área que ocupa es más bien pequeña, no más de tres cuadras de largo por dos de ancho; alberga en la actualidad unas 350 personas, entre adultos y niños. Es una población mayoritariamente de adultos jóvenes, aunque se conserva muy bien un núcleo de adultos mayores que fueron los pioneros del sector, entre ellos la señora Sabina que encabezara la histórica toma de terreno. Se trata de gente de trabajo, de esfuerzo, de los cuales muy pocos son profesionales. Por lo general los que han obtenido una profesión han emigrado.
Los que viven ahí “es gente que a través de los años han ido sacando sus casas, a medida de lo posible se van mejorando”, señala Jaime Iván.
La junta de vecinos que preside actualmente fue creada a comienzos de la década de los 80. Antes era un comité de adelanto el que en alguna época estuvo presidido por militares, según consignan las viejas actas; “cuando leí eso lo encontré como cómico, que hasta en una junta de vecinos hayan tenido que estar lo encontraba gracioso, no me pareció” (ríe).
UN BARRIO QUE AVANZA
Respecto a los logros que ha alcanzado el sector habitacional, Galindo comenta que “como Osorno va creciendo, las poblaciones también van creciendo; tenemos alcantarillado, luz eléctrica, nos queda solamente una calle por pavimentar. Cuando a uno le pavimentan la calle como que cambia la vida, porque se ve más ordenado, más bonito y cambia la calidad de vida de las personas. Y con eso va el alcantarillado también, porque ir a un pozo negro, si bien en el campo es como costumbre, en la ciudad es un poco incómodo, la higiene. Con la venia del señor alcalde espero que en un año más tengamos pavimentada la calle que nos falta”.
Y entre lo que está pendiente para los próximos está la cuestión de la conectividad de la población con el centro de la ciudad.
“Al sector alto hay tres subidas, pero para salir de Ovejería al centro es complicado –según refiere-. Porque todo el sector alto tiene que tomar Felizardo Asenjo y después Inés de Suárez. En Inés de Suárez está pasando locomoción de Rahue, más la locomoción y los vehículos particulares de Ovejería Bajo. Así que es un caos salir de Ovejería en la mañana desde hace un par de años a esta parte”.
Para remediar la situación, a su juicio, “tendría que hacerse otro acceso desde Ovejería Alto al centro. Se hicieron estudios en la administración municipal anterior, pero esos estudios nunca aparecieron para nosotros. Habría que hacer una calle que conecte directamente Ovejería Alto con el centro de la ciudad o con calle Bulnes”. Se podría hacer pero habría que expropiar, advierte, lo que complejiza el asunto.
En Ovejería hay más sectores poblacionales, como El Mirador, Población Guajardo, Villa Los Volcanes, Juan Pablo II, Villa Nueva Primavera, y Jardín del Alto que se está expandiendo. Por lo tanto necesidad de una mejor conectividad con el centro de Osorno está vigente y creciendo también.
Recuerda que en el plano regulador de Osorno está incluída una salida directa desde Ovejería Alto hasta el Hospital Base. Dicha alternativa –dice- “descongestionaría pero no creo (que sea) una solución directa, porque la gente donde trabaja es en el centro, no en el hospital; cuando va al hospital es prácticamente para no volver (ríe)”.
Y del barrio Ovejería en general, señala que éste “estuvo muchos años dormido, sin inversiones, sin avances. De Ovejería siempre se habló como el barrio industrial. Si bien es cierto en sus años tuvo una cervecería, una cancha de aviación, el Frigorífico, la Chiprodal, una fábrica de jabón, tenía la casa de máquinas del Ferrocarril. Pero a través del tiempo esas empresas fueron cerrando y ahora sólo están quedando la feria, el frigorífico y la Nestlé”.
Ahora Osorno está creciendo, Ovejería también está creciendo, hay inversión, señala sin escatimar elogios por la labor del actual alcalde Jaime Bertin. “Hay una atención temprana para niños que se está construyendo en Ovejería, al lado del consultorio, que es el primero en la región, con fondos municipales. Ya con eso Ovejería va a ser mejor nombrado. Se pavimentaría la calle que conecta el camino a Caipulli con el puente Rahue.
Para un dirigente vecinal –puntualiza Galindo- contar con el apoyo del alcalde “prácticamente es clave y lo otro es que el equipo de trabajo que tenga el municipio que le acompañe. No saco nada de hablar con el alcalde si el tercero me comienza a tramitar”.
“El equipo de trabajo que tiene don Jaime hasta el momento encuentro que es muy bueno. Yo siempre fui muy crítico en algún momento de algunos departamentos que tenía la municipalidad porque eran tan tramitadores y uno como dirigente tiene la voluntad, pero el tiempo muchas veces es escaso”. Pero “Ahora hay una respuesta precisa para los problemas de la gente”, asegura.
EL POR QUÉ
Consultado respecto a qué es lo que conduce a una persona a ser un dirigente social, responde: “chuta, si me pide una explicación no lo sabría”.
“Un día un amigo me dijo por qué te metes tanto en esta cuestión si puedes estar tranquilo, sales de tu trabajo, te vas a tu casa, o sales y te quedas tranquilo. ¿Quieres poder?, me dijo; ¿quieres que te reconozcan? No, tampoco. Siempre he sido una persona de bajo perfil. Es decir, en actos públicos no me gusta ser la figurita, la guinda de la torta, prefiero que otras personas sí, en el momento estén pa´ la foto, como digo yo”.
“Ahora, ¿por qué hacerse dirigente?, yo creo que uno nace con ese bichito, que en algún momento despierta y dice: oye, yo puedo hacer cosas para la gente, ver cómo una persona se puede beneficiar de esto, o hacer algo para la comunidad”.
“El de arriba me premió con tener la madre que tengo –dice- muy protectora de los hijos, cuidadosa de los hijos, tiene buena relación con los vecinos, mi madre crió nietos, sobrinos; yo le decía el Hogar de Cristo a mi casa”.
“Yo creo de ahí viene la cosa…”
Con todo, expresa que “yo no se si soy un buen dirigente o no, pero me considero bueno. No me considero malo. Y así la gente que yo represento me lo ha hecho saber”.
Pero también ayuda el jefe. No todos tienen jefes como lo tiene Jaime, sin duda… Sin contar con sus permisos y el tiempo “no me podría dedicar a esto. Yo creo que es un conjunto de cosas que se van complementando”, reflexiona.
LA SOCIEDAD
Sobre la sociedad actual que suele ser tan duramente cuestionada, Galindo señala fehacientemente: “Yo tengo esperanza todavía en la sociedad. Tengo esperanza de que cada día va a haber más gente que se va a preocupar de su vecino. Creo que tiene que haber gente que no lo ha desarrollado, o no lo ha hecho saber, porque siempre en algún lugar hay una persona que está tendiéndole una mano a otro”.
Asume que “estamos cada día más en una sociedad que le importa menos quién viva al lado, o quien está en el frente, o si la persona que está en la calle tiene un pedazo de pan; o si tiene sed en el verano le va a pasar un vaso de agua, porque estamos cada día más en una sociedad consumista. Si el que está al lado está bien, bien. Y si está mal ¡que se joda!... Si yo estoy bien el resto para mí son leseras”.
“Yo no creo en eso –expresa con firmeza-. Yo creo que sí hay gente que le puede interesar que la persona que está barriendo su calle en temporada de verano necesita a las 3 de la tarde un vaso con agua. Creo en el indigente que necesita un pedazo de pan y que no solamente anda pidiendo para ver si puede robar”.
Consultado al repecto, Jaime descarta cualquier idea de hacer carrera política de su parte, “pastelero a tus pasteles”, dice.
Más que en los políticos rescata la calidad de personas que hay detrás de ellos. A este respecto tiene alabanzas para los diputados osorninos Sergio Ojeda y Javier Hernández, y por cierto para el alcalde Jaime Bertin, a quienes considera hombres dedicados a lo social. No tiene igual apreciación sobre los dos senadores de la zona porque cuesta mucho llevarlos a las poblaciones.
MENSAJE A LOS JÓVENES
A los jóvenes “que siempre miren a la persona que está al lado; que vean qué problemas tiene. Muchas veces (…) no necesariamente uno debe sacar dinero, sino que basta con una palabra y ya está ayudando a la otra persona”.
“Que se dirijan a la otra persona y pregunten: qué te pasa, cómo te sientes; una palabra amiga en su momento a veces ayuda mucho más que el dinero. En ese momento las personas ya están haciendo un trabajo social, tanto en el liceo, colegio, la comunidad, siempre debe haber una palabra amiga. Preguntarle a la otra persona cómo amaneció y en qué te puedo ayudar”.
“Oye, si ven una abuelita en la calle, tómenla del brazo y ayúdenla a cruzar. Llévenle la bolsa. Si ven una vecina que va con algo pesado llévenle la bolsa si van por el mismo lado, ayúdenle y vamos a lograr que esta comunidad, Osorno, sea un poquito mejor”.
“Vamos a ir cambiando nosotros, la gente, los jóvenes y me incluyo, vamos a lograr que el que viene detrás de nosotros la semilla vaya siendo un poquito más humano”.
“No tengan miedo de conformar directivas en sus colegios, formar parte de ellas, no tengan miedo de decir: esto está mal. No tengan miedo de decir: esto no me gustó. Porque si uno dice las cosas se pueden arreglar. No hay nada que no tenga solución, excepto la muerte”, indica finalmente.
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