FONDO DE MEDIOS 2009

 

HORTENCIA DE LOURDES LEIVA LEIVA, DIRIGENTA DEL SINDICATO “UNIÓN Y FUERZA” DE INVERTEC SEA FOOD

Como chilota prefiere el diálogo antes que la confrontación en la relación del trabajador- empresario.

Hay que tener mucho coraje hoy día si se es mujer, madre, esposa, trabajadora del salmón, para sobrellevar, más encima, la carga de ser dirigente sindical de la industria. El temor, la incertidumbre, la tristeza que desata la cesantía campante que hoy recorre Chiloé no sólo es un stress personal y familiar. También hay que hacerse cargo de la pena e impotencia de cientos de personas que se van, y de la incertidumbre de las que estando trabajando viven con el mismo nudo en la garganta.

Ese es en cierto modo el ambiente que vive HORTENCIA DE LOURDES LEIVA LEIVA, dirigente sindical de la empresa salmonera Invertec Seafood de Castro. Nacida el 11 de noviembre de 1968, casada con Mauricio Soto y madre de dos hijas, vino a la capital de Chiloé desde el sector rural de Las Chacras, cercano a Castro, y trabaja 15 años en esa empresa. Es hija única de una pequeña agricultora que en su vida ha sido mamá y papá al mismo tiempo.

Su “pega” es filetear pescado. Es una labor dura, ya que se trabaja de pie, de 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde, con un intervalo de sólo media hora donde hay que almorzar, ir al baño e incluso realizar algún trámite en las oficinas. Hay que andar “a la carrera”, dice.

En el trabajo –cuenta- “no se permite mirar para el lado, ni conversar con el compañero. Lo único que ellos quieren es: producción, producción, producción… Ellos no se fijan en la persona, en el cansancio de la gente. Si la gente se les enferma ya no les sirve”.

CESANTÍA, MONSTRUO DE MIL CABEZAS

En la empresa suelen ser 250 los trabajadores con contrato indefinido. Este verano, sin embargo, contrataron otros 500 sólo por la temporada y en febrero tendrán que irse. A fines de diciembre –cuando hicimos esta entrevista- se estimaba que en marzo próximo ya no habrá pescado para procesar, lo que ha trasladado la incertidumbre también a los trabajadores de planta que están quedando.

Y esa es la tarea central de este sindicato. Olvídense durante un buen tiempo de reajustes, bonos, gratificaciones, como en otros tiempos. Hoy el punto es qué hacer frente a un monstruo que nadie ha podido dominar: la cesantía.

Hortensia señala que ha visto a compañeros de labores salir llorando de la planta cuando se van despedidos. Ha visto también la desesperación previa de los que saben o presienten que se irán despedidos; las colas enormes de trabajadores que se amanecen esperando uno de los cupos que suelen ofrecerse para la temporada; o rogando a sus dirigentes que los llamen apenas tengan un dato de trabajo.

“Es difícil para nosotras como dirigentes, porque estamos de manos atadas, no podemos hacer nada; tampoco le podemos echar la culpa a la empresa porque no tiene la materia prima para continuar”.

Y ese temor también lo tiene ella y sus compañeros dirigentes. Porque si no hay más salmón, lisa y llanamente no va a haber trabajo para nadie, por mucho fuero que tenga.

Explica que el principal drama será para los niños “ya que uno siempre quiere que ellos sean más que uno, que tengan una profesión por ejemplo”. En el caso de ella, además, su esposo también trabaja en la misma planta, así que el sólo pensar en el colapso de la empresa la pone nerviosa. ¿Qué hacer después?, si la gente termina especializándose y no sabe hacer otra cosa; más encima en todos los trabajos se discrimina por la edad.

“Y pensar que antes de la crisis uno se regodeaba la pega”, cuenta. Porque si en una empresa pagaban más la gente se trasladaba sin más. “Hoy andamos rogando que nos den un peguita”, dice.

LA DIRIGENTA SINDICAL

A propósito de las motivaciones que la llevaron a convertirse en dirigente sindical, explica que sus propios compañeros la conminaron. “Y es que yo siempre he sido una mujer con los pantalones bien puestos, siempre he reclamado contra lo malo, siempre lo discuto, lo alego, y trato de ayudar a mis compañeros”.

Y así se convirtió en dirigente el año 2002, cuando asumió como secretaria; después la reeligieron para el mismo cargo y actualmente es la tesorera del sindicato.

Para Hortencia para la función sindical hay dos claves, sobre todo en tiempos como estos: La primera es tener la voluntad de buscar soluciones para los compañeros de trabajo; y la segunda es cultivar una buena relación con el empresario mediante la política de que “los trapos sucios se arreglan en la casa”.

“Uno tampoco se puede ir a la mala hoy en día porque usted sabe que no hay pega y tampoco nosotros los dirigentes queremos andar revolucionando el gallinero, porque sabemos que los perjudicados van a ser nuestros compañeros, no nosotros porque nosotros tenemos fuero”.

“Hay que estar equilibrados en ambos lados”, puntualiza.

Frente a dirigentes que propician una política más agresiva con el empresariado salmonero, Hortencia Leiva señala en forma tajante: “yo no estoy en ese piso que están ellos, siempre voy primero al diálogo. Si no se puede solucionar ahí recurrimos a otros medios”.

Y se han logrado cambios con el diálogo. “La gerencia, por ejemplo, hoy día tiene otra mentalidad, ha aprendido a trabajar con los dirigentes sindicales. Hoy el gerente nos toma en cuenta para cualquier decisión con respecto a los trabajadores; primero pasa por nosotros y de ahí se le informa al resto de los trabajadores”.

Notables avances se han alcanzado al interior de la empresa frenando el acoso sexual y el trato abusivo con el personal que eran aberrantes en el pasado. A solicitud del sindicato la gerencia se ha desprendido de esos malos elementos, aunque quedan algunos que sólo estarían haciendo uso de una segunda oportunidad. Este tipo de gente corresponde a personal de jefatura, “los mandos medios” como les llaman, que por lo general suelen ser operarios promovidos. “Apenas les ponen la gorra negra –distintivo del mando- creen que pueden hacer lo que quieran, pero en el fondo son trabajadores como nosotros y necesitan igual la pega”.

MURIÓ LA MINGA

En otro ámbito, Hortensia Leiva se refiere a la sociedad chilota contemporánea como aquella donde “murió la minga”. En el pasado quedaron esos días en que ella era una niña descalza en el campo y veía como los vecinos se juntaban para ayudar a uno de ellos a sembrar o cosechar papas. Hoy día la gente ni se saluda, y si hay mingas esas sólo son para atraer turistas, pero no representan la esencia, que era la solidaridad.

Los jóvenes que supuestamente deberían mejorar la calidad de la sociedad también están viviendo su mundo, “el día a día, no se preocupan del resto, del compañero”.

“Creo que son más liberales, están en la etapa moderna, sólo les interesa la vida personal. No son como nosotros, los de nuestra edad, que siempre nos preocupamos del compañero. Y es que viven más cómodos, tienen de todo, antes al menos yo no tenía zapatos andaba a pata pelá, no tenía juguetes, ahora ellos lo tienen todo”.

“La droga y el alcoholismo, son otros puntos negros del mundo de hoy; este país necesita muchas cosas más para los jóvenes, para el deporte, el colegio”, señala.

De todas maneras, aboga porque ellos “estudien, que saquen su enseñanza media, que ojalá vayan a un pre universitario, que sean alguien, no como nosotros; que ellos sean más que nosotros”. La droga el alcoholismo, este país necesita muchas cosas más para los jóvenes, para el deporte, el colegio”.


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