FONDO DE MEDIOS 2009

 

CARLOS PERALTA TRINA, DIRIGENTE DE LOS MERCADISTAS Y DE LA CUT OSORNO

Las cosas que están malas hay que arreglarlas de adentro, no tirarle piedras desde afuera.

Una tragedia que terminaría con la vida de un compañero de trabajo fue el punto de partida para volcar a la vida sindical a CARLOS HÉCTOR PERALTA TRINA, actual presidente del Sindicato de Mercadistas y secretario de organizaciones de la Central Unitaria de Trabajadores de Osorno.

El año 2006 Marcelo Martínez Negrón desapareció en el mar en Pucatrihue durante un paseo familiar. Enterados del accidente sus compañeros de trabajo pusieron en marcha una larga cadena de solidaridad que se extendería por más de tres meses, hasta que rescataron el cuerpo. Realizaron colectas, beneficios bailables, ventas de empanadas y hasta misas y cadenas de oración, con la idea de reunir fondos para apoyar a la familia en las necesidades que impone un deceso; pero la tarea se fue complejizando ya que hubo que hacerse cargo del pago de buzos y de otros gastos de la prolonga búsqueda. La iniciativa la lideraba Carlos por un lado, y otra trabajadora en otro lugar, pero en forma separada. Hasta que un día, y tras concluir esta misión humanitaria, ambos junto a otros compañeros concordaron en que, paralelamente, se habían dado las condiciones para organizar un sindicato.

Así, el 29 de abril de 2006, nació el sindicato de los mercadistas (reponedores) que fue bautizado con el nombre del malogrado compañero de labores, “porque pensamos que en el fondo Marcelo nos había ayudado con su partida a organizarnos”. Este agrupa tanto a empleados internos de los supermercados, contratados directamente por los dueños, y aquellos que pertenecen a empresas subcontratistas, que trabajan para las empresas “mandantes” –Nestlé, Colun, Coca Cola, etc.- y que conforman la mayoría de los asociados.

NO SABÍA QUE ERA POBRE

Carlos nació en Rahue el 14 de octubre de 1964 y fue criado en Población El Esfuerzo. Es hijo de un obrero carpintero y de una asesora del hogar, quien se dedicaría por completo a la crianza de sus tres hijos. Además, “siempre en mi casa hubo algún primo que se quedaba a vivir, a estudiar por el año”.

Para enfrentar las necesidades de la familia “mi papá tenía que hacer doble turno a veces, trabajaba en el día y de nochero después”; asume que con razón no fueron más hermanos…, “si el viejo no tenía tiempo” (ríe).

Ahora se da cuenta que su infancia fue una época muy difícil para él. En esos años no estaba consciente de ello, “porque mis viejos se encargaron de que para nosotros no se viera tan fea la realidad. Había días que en la casa lo único que había eran papitas con color, pero mi mamá lo entregaba con tanto cariño que nunca nosotros sentimos que éramos pobres. A mí me sorprendió, después de adulto, darme cuenta que yo pertenecía a los pobres”.

Por ejemplo -relata- “mi papá llegaba a la casa y mi mamá le decía: pasa a la mesa. Él, lo primero que preguntaba era: ¿comieron los chicos?... y después de eso, si alcanzaba comía. Pero para nosotros eso era normal, nunca se nos inculcó de que estábamos mal, para nada…”.

Es padre de un hijo de su primer matrimonio que tiene 19 años y es estudiante de la UACH de Puerto Montt, y otros dos que son hijos de su actual pareja pero que “yo los asumí como míos” y que tienen 11 y 8 años.

Completó su enseñanza media en el Liceo Industrial de Osorno. Actualmente se dedica totalmente al tema sindical. Y aunque parezca inverosímil su propia empleadora subcontratista de reponedores de supermercados, a la que está ligado desde 1999, le sigue pagando el salario para que se dedique al sindicalismo a tiempo completo, aunque también le conviene más tenerlo fuera de la producción.

COMPLEJO MUNDO LABORAL

En relación a cómo funciona el mundo laboral que representa, Carlos explica que “en la realidad las órdenes las dan las empresas mandantes –las marcas como, Nestlé, Soprole, Colun, Coca Cola- y los supermercados. Desde que apareció la ley de subcontratación hemos ido luchando contra eso, creíamos que le ley nos iba a ayudar en algo pero en realidad no ha sido tan así. El hecho de ser subcontratado significa salarios más bajos que los de la empresa mandante, significa menos posibilidades de sindicalizarse”.

Además, las mandantes –y no los subcontratistas- determinan a quién contratan y a quien no, fijan los sueldos, fijan los finiquitos. “Eso es ilegal y de hecho nosotros lo hemos venido denunciando, pero es muy difícil de probar”.

Claramente el principal defecto de este sistema es que genera inestabilidad para los trabajadores. Pero –explica- al comienzo ni siquiera los contrataban, se trabajaba así no más, “nosotros le llamábamos pituto; (la gente) pituteaban y les pagaban un monto por hora, obviamente no había previsión, no había salud, no había seguridad, no había contrato”. Recién a partir del 2006 con el sindicato se ha ido superando dicha situación.

Ya son pocos los casos pero aún quedan –dice-. “Pero los que existen es porque están en complicidad con el mismo trabajador. Porque hay muchos colegas que creen que están bien así porque tienen un empleo que, aunque sea precario, les proporciona un contrato que les permite “pitutear” con otras empresas; algunos tienen hasta dos y tres marcas más y para que su empleador no se entere prefieren no ser contratados con el fin de ganar más plata”. Pero al final, la mayoría de esas empresas dejan botado al trabajador en cualquier momento y causan grave daño previsional a las personas.

El mundo del supermercado –donde mayormente se desempeñan egresados de los liceos y personas de hasta 30 años máximo- es un fenómeno que, desde el punto de vista laboral, ha cambiado radicalmente desde mediados de los años 80 en que Carlos se inició como trabajador en el Supermercado Las Brisas. En esa época la mayor parte del personal era contratado por la empresa dueña y los mercaderistas externos eran muy pocos.

“Con el tiempo fue cambiando esto y ahora es todo lo contrario. (El sistema) es un muy buen negocio sobre todo para el supermercado, ya que ellos no pagan la mano de obra; al contrario, ellos le cobran a las empresas para que puedan vender en su puesto”.

ENTRADA EN LA CUT

En septiembre de 2008 Carlos se incorpora a la Central Unitaria de Trabajadores como parte de una lista única y asume como secretario de organizaciones. Era un tiempo en que la CUT no estaba bien mirada, según apunta.

“Yo tenía una visión de la CUT que ha ido variando con el tiempo; me veía tan solo en el sindicato interempresas, la soledad del cargo, y sentía que cada vez que conversaba con otro dirigente recién me sentía acompañado y potenciado y con ánimo de seguir adelante”. Por tanto fue a la CUT buscando una herramienta de apoyo.

Reconoce que se ha preguntado a veces si estar en la multisindical tiene sentido. “Estar en la CUT igual significa algunas contradicciones, porque la gente entiende que la CUT está politizada, de que no siempre los dirigentes responden a las bases; yo creo que en gran parte tienen razón, pero también yo creo que los cambios hay que hacerlos desde adentro”.

A QUEBRAR VARILLAS

Interesante es el punto en que Carlos se detiene en una mirada retrospectiva a su infancia para explicarse a sí mismo –dos episodios de su vida- el porqué en vez de preocuparse sólo de él y su familia optó por destinar su vida y esfuerzos al prójimo:

“Lo he pensado varias veces. He tratado de hacer una retrospección, de pensar, y siempre me lleva a un recuerdo que tengo de cuando era chico. Nunca me he olvidado del cabro que me quitaba el pan en el colegio, cuando tenía 6 años, de cómo me sentía abusado, de la injusticia. Y después cuando era más grande mi mamá a nosotros nos pegaba fuerte, no nos dejaba salir a la calle a ningún lado, fuimos muy restringidos en la casa. Pero en algún momento, cuando tenía 13 años más o menos, mi mamá me estaba pegando con una varilla, fuerte, y yo en señal de rebeldía no boté ninguna lágrima en esa ocasión y en un momento le quito la varilla y se la quiebro delante de ella, no le hice nada a ella, pero me sentí tan digno de ahí para adelante. Creo que eso me marcó. Yo creo que ahora estoy haciendo lo mismo: estoy quebrándole la varilla en la cara a las injusticias”.

Y en relación a cómo asume su entorno íntimo su actividad sindical, asegura que “mi actual familia me conoció en estas lides”. “Ella (su pareja) me dice: a mí me enamoró tu actitud, tu entrega social; pero ojalá que no estuvieras tanto tiempo afuera (ríe)”.

Consultado si a su juicio en la sociedad actual existe la solidaridad, señala: “Es casi doloroso responder a eso, porque recuerdo cuando era cabro chico la vida aquí era como la vida de pueblo, donde nos conocíamos, nos saludábamos; siempre le interesaba al vecino lo que le pasaba al otro. Y hoy día no es así. Lamentablemente nos ha hecho tanto daño esta sociedad capitalista, neoliberal, globalizada; hemos importado puros vicios y las cosas buenas las hemos ido perdiendo, entre ellas la solidaridad. Uno se da cuenta en el mismo trabajo que cuesta tanto que la gente entienda que dos podemos más que uno solo. Cada cual se rasca con sus propias uñas”.

MENSAJE A LA JUVENTUD

“Tengo tanta esperanza en los jóvenes justamente porque trabajo con un grupo de jóvenes al que le hago catequesis de Confirmación; pero yo soy poco apegado a las estructuras, lo mío lo enfoco más en el tema social y cada vez que conversamos de temas que son profundos yo les pido que piensen por sí mismos. Es decir, no se traguen la píldora, lo que les estoy diciendo analícenlo, no se traguen todo lo que les dice el mundo. No se traguen lo que dice la tele. La tele es una porquería, de repente pasan cuestiones que no les sirven para nada”.

“Entonces, piensen ustedes y fíjense que hay otras personas que podrían ser felices si ustedes las ayudan. Basta de repente una sonrisa, no es necesario entregar tanto. No se requiere entregar todo lo que uno tiene. Cuando se habla de entregarlo todo o de poner la otra mejilla en el fondo significa una actitud de vida, no significa quedarse uno en la calle, ser un poco solidario”.


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