¡ LA HORA DE LA HERMANDAD PATAGÓNICA !
Jueves, 04 de Agosto de 2011 04:30
Las dificultades que tiene la norpatagonia argentina para reabrir el paso internacional Cardenal Samoré son reales y es una oportunidad para nosotros los chilenos para dar señales de asociatividad y alianza. Porque, aunque parezca increíble, también es un problema para los chilenos… Hoy por ti… mañana por mí.

 


OSORNO | SURLINK

Las dificultades bilaterales que se han presentado esta semana para dar curso a la reapertura completa y a la normalización del paso internacional entre Chile y Argentina a la altura del territorio norte de la Región de Los Lagos y de las Provincias de Neuquén y Río Negro, respectivamente, demuestran en los hechos cuan unidos están los destinos de los habitantes de la Patagonia chileno- argentina.

Para este viernes, al otro lado de la frontera -y al parecer eso no va a ser posible por ahora- se había proyectado reabrir el paso hacia y desde la Argentina a Chile, y viceversa, sólo para vehículos menores, no así para camiones de carga y otros de igual o más tamaño. Esa era al menos la decisión de los argentinos, por cuanto la vía por el lado chileno está disponible desde hace bastante tiempo para todo tipo de carga. En cambio Bariloche y particularmente Villa La Angostura habían dispuesto un ritmo gradual para satisfacer esa necesidad de conectividad, porque, claramente, han sido los más afectados por la descarga de cenizas provenientes del Cordón Caulle, en erupción desde el 4 de junio, es decir, desde hace dos meses.

La alcaldesa de Puyehue, Ximena Núñez, cuyo turismo ha sido puntualmente el más afectado en el sur chileno por el prolongado cierre de la ruta internacional, realizó gestiones ante la Cancillería chilena junto al diputado Carlos Recondo, del distrito 56 –al cual corresponde esa comuna-  para que al más alto nivel de la vecina república se obligara especialmente a Villa La Angostura a permitir el paso de camiones y vehículos de todo tipo de carga; de lo contrario, no habría reapertura ni para vehículos menores, según una suerte de ultimátum que fuera planteado por las autoridades chilenas.

Sin embargo, a la luz de los antecedentes que presenta la prensa patagónica argentina, el problema al otro lado de la Cordillera de Los Andes no es tan simple, ni es fruto de un capricho local.

Es cierto que todo el sur austral de Chile depende del Paso Cardenal Samoré –Magallanes especialmente- para sus necesidades de abastecimiento alimentario y transporte de pasajeros que van y vienen. Y que depender de otros pasos fronterizos les afecta no solamente en el retraso con que funciona el sistema, sino también en el encarecimiento de las mercancías.

Pero también es cierto que para Villa La Angostura –una ciudad perteneciente a la Provincia de Neuquén y situada a 160 kilómetros de Osorno, 60 de Puyehue, 86 de Bariloche y 35 del puesto fronterizo- el asunto del tránsito de vehículos pesados y en gran cantidad les representaría un grave problema sanitario para sus poco más de 7.300 habitantes. Ese poblado eminentemente turístico ha sido el que prácticamente más ha sufrido con la caída de las cenizas del Cordón Caulle durante estos dos meses y pese a que sus habitantes, con la ayuda incluso del Ejército, han intentado limpiar su entorno de este material,  continúa soportando una  gran acumulación de material volcánico, máxime que por “capricho” de los vientos sigue expuesta al fenómeno natural en tanto continúe la erupción del macizo andino chileno.

La mencionada villa -así como otras localidades de Neuquén y Río Negro-, ha sido declarada RECIÉN este miércoles como “zona de desastre y de emergencia económica”, estatus poco amigable pero que le permitirá tener los recursos para –entre otros- limpiar su entorno y la vía caminera de la cual es nudo estratégico y que también le es vital para su economía. El problema es que así como están las cosas hasta hoy, Villa La Angostura no soportaría el paso de cien camiones diarios –que se calcula es el movimiento en temporada normal- ya que la nube de cenizas terminaría convirtiéndose realmente en tóxica para sus habitantes.  Por eso han amenazado, incluso, de que si los obligan a permitir el tránsito de vehículos pesados, lisa y llanamente aplicarán procedimientos de tramitación burocrática que podrían significar que un camión, por ejemplo, termine demorándose hasta 24 horas en pasar por ahí. Pasarán, pero tendrán que esperar su turno y luego tendrán que circular muy “despacito” para no levantar la temida nube, han advertido las autoridades de esa comuna transandina.

Y claramente, perdemos todos. Tanto los patagones de Argentina como los de Chile, unos más que otros, pero para nadie le es indiferente el asunto.

Lo que se impone, en consecuencia, para bien de ambos países, es que empiece el tránsito vehicular aunque sea para vehículos menores y que este vaya creciendo gradualmente hasta que sea posible que pueda circular la carga más pesada y compleja.

No se trata del todo o nada, como creen algunos, a nuestro juicio.

Habría que estar en el pellejo de esos hermanos patagónicos argentinos para intentar entender a cabalidad la cuestión.

Lo otro sería que nuestro país, a través de Vialidad, concurra hasta el lugar con su maquinaria y en un gesto solidario y de ayuda concreta contribuya a hacer un aporte en la limpieza de la vía y de su entorno a esa altura de la vía. Claramente nos convendría a todos emprender ese gasto, que más que nada sería una inversión.

Se trata, sin lugar a dudas, de un momento para una prueba de fuego para la tan cacareada hermandad. Que abra, de parte de nosotros los chilenos,  nuevos vínculos de cooperación bilateral que se sumen a los ya establecidos en las últimas décadas en materia de turismo, de protección a la biodiversidad común e incluso de vínculos culturales que tenemos y que se han acentuado.

En resumen, nos falta conversar más entre sureños chilenos y argentinos, para ayudarnos en la necesidad. Sobre todo, si desde el punto de vista meramente económico, a la larga nos convendría a todos.

A nuestro juicio, también, hay aquí una oportunidad para nuestras autoridades regionales con asiento en Puerto Montt, y provinciales con asiento en Osorno, para ampliar la mirada hacia el macroterritorio sur austral continental, en términos efectivos, porque nadie puede asegurar que alguna vez pudiésemos necesitar también nosotros el apoyo de la Patagonia argentina.

Alianza y asociatividad patagónica, es lo que se impone hoy, a no dudarlo.

 

¡ LA HORA DE LA HERMANDAD PATAGÓNICA !
 

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