| LA CLASE POLÍTICA SIGUE APAGANDO EL FUEGO CON BENCINA |
| Miércoles, 03 de Agosto de 2011 04:17 |
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Pese a que la ciudadanía cuestiona en forma creciente las prácticas antidemocráticas, la elite nacional insiste en aferrarse a una lógica del Poder trasnochada y nefasta.
Justo el día que se conocen los resultados de la prestigiosa encuesta Adimark que dan cuenta del cada vez más grave revés en popularidad de la clase política, gobierno y oposición incluídos, esta misma clase política vuelve a legitimar otra acción de dudoso contenido democrático al incorporar dos nuevos personajes al Senado de la República que nunca han sido elegidos por el pueblo chileno para desarrollar tal rol.Esto no tiene nada que ver con la capacidad y la vocación de servidores públicos que pudieran tener dichas personas, sino con un mecanismo más asociado a una dictadura que a una democracia. De hecho, el procedimiento evoca lo tristemente ocurrido bajo el régimen dictatorial que imperó en el país .Y la culpa de que esas prácticas aún estén vigentes en nuestra sociedad la tienen tanto los que las ejercen hoy como los que las hicieron ayer y que hoy rasgan vestiduras y se lanzan ceniza encima.Lo peor es que estas maniobras tienen lugar en momentos en que gran parte de la ciudadanía y especialmente la juventud que emerge en protagonismo en la sociedad chilena se muestran cada vez más críticos frente al sistema. No es que se esté fraguando una revolución social de esas típicas del siglo XX -¿para qué y para dónde?- sino una manera nueva con que la sociedad enjuicia a la elite dirigente del país y para lo cual tiene más que sobradas razones que nadie puede pretender soslayar.Pero aunque la “designación” –a dedo como algunos ironizan- no tuviera antecedentes en un pasado oscuro de nuestra convivencia nacional, igual es una fórmula reñida con la voluntad popular que, en nuestro sistema democrático, al menos se ejerce durante las elecciones de autoridades particularmente del Poder Legislativo.No vale a ojos del ciudadano “a pie” que en el gobierno anterior se hayan llevado a cabo como para seguir haciéndolo. Ese argumento, de ser válido desde el punto de vista ético, e incluso político, seguiría legitimando otras prácticas abominables en que ha incurrido la clase política. Por eso es que hay que tener cuidado al hablar.Alguna vez tendrá que romperse ese y otros círculos viciosos que hoy tienen en entrecejo a la clase política chilena a nivel de la ciudadanía. Por lo que se puede apreciar no será la actual elite la que lo haga, ya que la percepción es que uno y otro bando se retroalimentan y se autojustifican para ello.Después, los mismos entes y caciques políticos se quejan de que, por ejemplo, los estudiantes incorporen demandas políticas en sus petitorios y movilizaciones, si ellos mismos por no hacer las cosas como deben ser están abriendo las puertas para eso.A lo mejor están esperando –para despertar- que otros sectores de la sociedad chilena hagan lo mismo que los estudiantes y que aparte de sus reivindicaciones inmediatas agreguen también otras que apunten a mejorar la calidad de la vida política.El peligro que estos “políticos” no visualizan, es que una tal dinámica podría terminar barriéndolos de la escena y llevando a la palestra a nuevos líderes, más sanos, menos contaminados con el Poder. Quizás, al final, eso sea inevitable, e incluso necesario para una real modernización de la sociedad chilena.Caja de comentarios de Facebook para Joomla
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