| LA TREGUA TAMBIÉN ES PARTE DE LA LUCHA |
| Miércoles, 20 de Julio de 2011 04:24 |
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Habría que dejar que durante un tiempo “delimitado” el nuevo ministro de Educación tire sus cartas sobre la mesa, y mientras tanto se ocupe ese lapso para hacer un balance de experiencias, siempre atentos a la maniobra.
Todo estratega, por muy autodidacta que sea, sabe que una ofensiva no se puede mantener eternamente por sí y ante sí y menos con arreglo a los ritmos del siglo XXI.El éxito de una propuesta no solamente se alcanza obteniendo, durante el proceso, la “victoria siempre”, sino alcanzando etapas, paso a paso. Y aceptando que no toda la propuesta en su conjunto podrá serle impuesta al sistema al cual se cuestiona, por muy justa e incluso coherente que sea.La historia de Chile está plagada de fracasos por eso de “avanzar sin transar”. Y han sido dramáticas y hasta trágicas esas enseñanzas. Los retrocesos están a la mano en los acontecimientos más contemporáneos de esa historia, porque liderazgos y “masas” se olvidan que en la sociedad chilena predomina la diversidad no solamente ideológica, sino también de intereses, y al menos que nos liquidemos mutuamente no habrá posibilidad de que un sector se imponga sobre los demás. Esta enseñanza nos ha costado vidas en el pasado reciente, no lo olvidemos.Respecto al movimiento de los estudiantes del país, que ellos han llevado adelante con mucho sacrificio e idealismo, nuestro análisis es que el triunfo inequívoco de su esfuerzo ha sido reponer en la sociedad chilena el tema de las falencias del sistema educacional, pasado por “el aro de la plancha” mediante la farandulización que en su tiempo sufriera el movimiento de los pinguinos a manos de los medios de comunicación masiva y del gobierno de la época. Ellos sucumbieron a esa influencia y el resultado fue que tras toda la parafernalia de las comisiones, de las entrevistas en la tele, de saber con quienes pololeaban sus líderes, al final fue conservado el statu quo.En lo político, hoy es innegable que los estudiantes lograron interesar a más actores sociales, aunque en cierta medida “viejos” no estudiantes -como el profesor Gajardo- terminaron ganando espacios para ellos con arreglo al expediente de ponerse al frente de las marchas junto al liderazgo juvenil. No es que sea condenable per se, pero estimamos que cada generación de chilenos tiene su tiempo para rebelarse, para reclamar, y no es justo que los que ayer fuimos jóvenes pretendamos serlo hoy. Ahora les corresponde marcar presencia a Camila y a todos los dirigentes de su generación, pero por su cuenta. No al paternalismo, es la consigna que cada generación siendo joven ha llevado adelante, no importando los costos que se tenga que pagar; porque, por cierto, nada es gratis en esta vida, sobre todo para un luchador social.Y así los estudiantes de hoy lograron remover las cosas en el gabinete del Presidente Piñera, no importa si fue un intercambio entre amigos, o el comienzo del segundo tiempo, como señalan los actores de la elite que dirige el país.Porque el señor Lavín, claramente, y aunque le hayan regalado un ministerio para que se mantenga vigente como presidenciable, perdió en esta ocasión. En la historia del país quedará consignado que él no pudo seguir siendo el ministro de Educación porque no supo, o no tuvo las herramientas para superar la crisis. Así de simple.Pero está planteado un nuevo escenario, talvez más táctico que estratégico. Ha surgido un nuevo ministro de Educación, que entiende la dinámica política en forma más aterrizada, como es el señor Bulnes, eso también es innegable. De si va a tener las atribuciones para conducir la desarticulación de la crisis a favor de las demandas ya planteadas, está por verse. Ideológicamente se podría decir que no. Pero no se puede negar que el Gobierno tras operar el cambio ha ganado un espacio de tiempo que no se puede desconocer.Lo aconsejable y aunque parezca “reaccionario” es que las fuerzas que pugnan por el cambio profundo también den una señal política: y esa es la tregua.Que se reagrupen para reflexionar y sacar “en frio” las conclusiones de la experiencia ya obtenida. Creemos que si sigue con la “intransigencia” el movimiento va a caer por su propio peso, como ya ha ocurrido en el pasado con el profesorado y en nuestra región con los exonerados de la industria del salmón y del aparato público.Un plazo al nuevo ministro se impone, sin bajar la guardia. Puede ser un mes o un par de meses, pero dejarlo que trabaje y ver para dónde quiere ir. Lograr un acuerdo inmediato y darle tiempo a él y al sistema para que reaccionen frente a las legítimas demandas. Pero si no hay tregua, lo que va a pasar es que el ímpetu va a seguir decayendo y la necesidad de cambios se va a diluir tal como bajo en el periodo anterior, pero esta vez por saturación.
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