¿MEGA OPERACIÓN DEYSEE O MEGA REALITY SHOW?

UNA TRAGEDIA HUMANITARIA QUE CONMUEVE AL MUNDO Y LA NECESIDAD LEGÍTIMA DEL PUEBLO CHILENO DE ESTAR PREPARADO PARA UNA EMERGENCIA NACIONAL ¿PUDIERON HABER SIDO UTILIZADOS PARA FINES POLÍTICOS?.. ES QUE CUANDO UN GOBIERNO PIERDE CREDIBILIDAD -COMO LE PASA A TODO TIPO DE LIDERAZGO- CUALQUIER ACTO O COSA QUE FIRME O NOS HAGA FIRMAR LEVANTA SOSPECHAS Y SUSPICACIAS.

SURLINK | OSORNO

DOMINGO 13 marzo 2011 | 12:55 hrs.

Sospechoso, por decir lo menos, en un país lleno de suspicacias de una parte a este tiempo, ha sido el excesivo celo que el gobierno del Presidente Piñera ha puesto frente al eventual peligro que en algún momento pudieron haber representado para nuestro país  el terremoto y maremoto de dimensiones catastróficas que  han castigado al Japón el viernes, a más de 17 mil kilómetros de nuestro territorio nacional. Todos sabemos que la cultura empresarial que hoy gobierna abiertamente  Chile se ha “modernizado” en los últimos años con el criterio de que un problema,  más que generar lamentaciones debe ser convertido EN UNA OPORTUNIDAD. Y a juicio de muchos que se niegan sistemáticamente  a comulgar con ruedas de carreta  -del oficialismo y de la oposición-, por ahí surge una lectura inevitable de los últimos sucesos, que intenta -en un espacio de verosimilitud también- explicarse el triunfo mediático que ha logrado el Ejecutivo chileno con la horrenda tragedia del país oriental.

Porque claramente, aunque el primer aniversario del gobierno -que se cumplía justo el día del cataclismo- se ha visto inevitablemente ensombrecido por los sucesos en el Japón, el oficialismo ha logrado finalmente capitalizar la atención de la sociedad chilena en torno a su propia agenda –puesta al día en forma extraordinariamente creativa- ganando, o recuperando en gran medida el prestigio que ha estado perdiendo a borbotones durante los últimos meses, por la vía de sacarle utilidades a la catarsis del pueblo chileno, que sabe como el que más de este tipo de fenómenos naturales y de sus consecuencias.

Hoy el gobierno se vanagloria del éxito de la mega movilización nacional llamada de evacuación –favorecida por el trauma ancestral del pueblo chileno y  la total complicidad consciente e inconsciente de los medios de comunicación- y osa decir que el país demostró estar MEJOR preparado para una contingencia HOY que hace un año. Por cierto,  todos los medios le han seguido la corriente haciendo abstracción de las diferencias sustanciales, no solamente geográficas, que separan ambos episodios. La del año 2010 fue una tragedia real, que costó vidas reales de cientos de chilenos; en cambio la del Japón sucedió al otro lado del océano y si bien hubo alerta de tsunami, en la realidad ello no ocurrió. Y lo que vale es, por cierto, no lo que pudo haber pasado, sino lo que pasó. Así de simple.

No es bueno para la calidad del pensamiento, del conocimiento, de la inteligencia y de los sentimientos de nosotros los chilenos que las máximas autoridades del país hagan odiosas comparaciones con fines dictados por intereses políticos coyunturales, no solamente porque en lo referido a este asunto se trata de escenarios distintos desde todo punto de vista, sino porque se sigue en los hechos con la misma lógica de seguir manteniendo la cuña de desunión nacional a que nos tiene acostumbrados el conjunto de la clase política de este país, “provocando” al adversario político en un asunto en que se sabe que no se puede ir contra la corriente, por ahora; pero, objetivamente metiéndole más leña a la caldera, aquella en la cual al final terminan quemándose los ciudadanos anónimos y que son los que sufren en Chile, y que somos millones.

Seguramente tras estos sucesos el Presidente y sus asesores ganarán puntos en las próximas encuestas, al igual como ocurriera con el asunto de los mineros en el norte del país. Pero que esta es una fórmula maquiavélica para obtener tales logros, nadie puede negarlo. Y queremos dejarlo “en acta” aún cuando corramos el peligro de quedar en minoría. El pueblo chileno, que se toma su tiempo para reflexionar y desprenderse de la influencia avasalladora de los medios de comunicación, y del terror colectivo que estos suelen desatar, bien puede llegar a entenderlo durante esta generación. Y si no es así, no importa, lo relevante es que alguien se atreva a decir lo que piensa hoy, aunque le cueste la hoguera.

Y que conste también: no se trata de no hacer nada y de oponerse a todo. No estamos adhiriendo a una de las dos opciones políticas con que tienen enjaulado el cerebro de los y las chilenas hoy en día.  De lo que se trata, es de exigir honradez en el actuar y en el relato que se le entrega a la ciudadanía. Y esto, porque los resultados de esta última jornada, que son los que mandan en definitiva, demuestran  que  –y esto es casi de perogrullo-  ¡NO PASÓ NADA!

El agua de nuestros mares a nivel de todo el litoral ni siquiera “subió” como para mojarle las canillas a las autoridades que llegaron hasta las playas o costaneras, rodeados de periodistas, para montar un verdadero show mediático. Creemos –y en eso culpamos a nuestra patológica suspicacia- que las autoridades superiores de este país sabían que no iba a pasar nada y por eso “arriesgaron” a muchos funcionarios de nivel medio a inferior para que fueran hasta el borde costero para mostrarse y sacarse fotos, mientras los de las altas esferas se lucían en los edificios formales del Poder.  Hoy existe una infinidad de instrumentos de alta perfección tecnológica que –satélites mediante- son  capaces de monitorear el comportamiento de los océanos frente a fenómenos coyunturales como un maremoto y cuya información puede entregar elementos de juicio en tiempo real a los científicos y a los sujetos que toman las decisiones en cada país. Y no digan que no, y que tenemos que seguir dependiendo de la “divina providencia”.  Si el hombre ya llegó a la Luna a fines de la década de los 60 del siglo pasado y en esta época se prepara para ir a Marte.  En ese ámbito no estamos en el Paleolítico.

Si el Supremo Gobierno le hubiese advertido a la población que vamos a aprovechar esta contingencia, ocurrida a una distancia tan sideral, para realizar una suerte de “operación Deysee” a nivel nacional, la gente inteligente –que tampoco fija su destino con los matinales, ni con la farándula- hubiese dicho “está bien”. Pero la gente fue alarmada sin motivo.

Hay que tener cuidado,  en términos de que colateralmente no estemos siendo envueltos por el viejo y emblemático “cuento del lobo” con que fuimos educados generaciones de chilenos desde la época del famoso Silabario “del Ojo”.  Y que cuando venga una emergencia real para nuestro país “nadie pesque”. Ahí sí que sería una catástrofe, peor que la que de estos momentos,  lamentablemente, obnubila la existencia de nuestros hermanos en la humanidad en el legendario e inteligente país del Japón.

O sea, hay que tener cuidado con el criterio empresarial que puede ser válido para los negocios e incluso para la política, pero cuando se trata de cuestiones humanas se deben considerar muchas otras y complejas variables, entre ellas la ética. Cuando se trata, más que de millones de dólares, de miles vidas humanas que se pierden, que se extinguen… de hijos que no vendrán, de nietos que nunca existirán…

Pongamos la cuestión en su justa dimensión –a nuestro juicio- “no nos carguemos al chancho”, digamos las cosas como son: no saquemos provecho de la desgracia y la tragedia ajenas para nuestra ideología;  estamos de acuerdo en que el gobierno anterior no hizo lo que tuvo que hacer antes y durante la tragedia del 2010, y lo hemos sostenido. Pero no sigamos en la misma por otros caminos. Terremotos catastróficos y sus consiguientes tsunamis vendrán en el futuro en Chile  -pronto o en el futuro lejano- y ahí se verá, en los hechos, si realmente estamos mejor preparados. Es decir, debiéramos estar mejor preparados, pero no es una cuestión de gobiernos, sino de Estado y de la ciudadanía, de los que votan o no, sino de todos los que vivimos en Chile, hasta de nuestros nietos.

Pero como no se trata de intentar dejar en ridículo a los más de 600 mil "evacuados" en el país, 17 mil 500 de la Región de Los Lagos y de los honrados funcionarios que se amanecieron en el reality show, vamos a aceptar que este fue un buen “plan Deysee”; pero a los responsables les vamos a pedir que la próxima vez sean más transparentes con la información y le digan al pueblo a qué está jugando. Porque el día de una nueva catástrofe va a llegar, eso está escrito en nuestra naturaleza.

Del mismo modo, estos momentos deben servir para estirar un poco más la memoria hacia el pasado ni tan lejano de nuestro país y de nuestra zona en particular. Es cierto que el terremoto de febrero del 2010 está fresquito en la memoria de las actuales generaciones que lo sufrieron y que lo llevarán como trauma para toda su vida. Pero también es cierto que hace 50 años este territorio sureño fue castigado por el terremoto más grande registrado historicamente en el mundo, mucho más poderoso que el que hoy llora Japón: el llamado Sismo de Valdivia que alcanzó 9.5 grados de magnitud en el marco de un enjambre de grandes terremotos que ocurrieron durante dos días seguidos en la zona comprendida entre Concepción y Taitao en la Región de Aysén. El o los maremotos que le sobrevinieron borraron del mapa para siempre poblados ribereños. Los que hoy somos abuelos, que en esa época éramos niños, así como nuestros padres, para quienes tienen la suerte de tenerlos aún, nunca hemos olvidado esa traumática experiencia y siempre que ocurren sucesos de esta índole no podemos evitar la tentación de hacer comparaciones tendiendo un hilo hasta esa época.

Eso parece que lo olvidaron, o nunca lo supieron, tanto el actual Presidente de la República como los actuales editores de los medios de comunicación.

Y que sepan también que el país se levantó en aquella época, que también fue un punto de inflexión y le permitió a la Nación rediseñar su manera de hacer país. Las carreteras, las contrucciones, etc., todo adquirió los nuevos criterios imperantes a partir de entonces. Luego vinieron más terremotos en Chile y el ciclo se volvió a repetir. Y vendrán otros nuevos y así seguirá la cosa… porque la humanidad jamás logrará dominar la naturaleza. 

Digan la verdad a la gente cuando la inviten a jugar, y no borren el pasado, porque es la mejor fórmula para aprender. Ni menos saquen dividendos mezquinos de la dolorosa tragedia del pueblo japonés, que tras el sismo de 9.1 grados de magnitud, recién está comenzando a sufrir los efectos del cataclismo. Tengamos respeto por la memoria de los caídos.

Y, por favor, no borren de las aulas la enseñanza de la historia, sobre todo la local. Porque si quieren verlo a su modo: es también un “capital” invaluable. Es la memoria, aquella herramienta basamental que le permitió al homo sapiens convertirse en la especie dominante del planeta en sólo 200 mil años, cuando el planeta tiene la friolera de 4.500 MILLONES DE AÑOS…

 

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